| |
|
Entrevista |
|
Pollack, Barbara Entre el desafío, el riesgo y la provocación
|
|
|
ANDRES SERRANO, A History of Sex (The Fisting), 1996. Cibachrome, silicone, plexiglass, wood frame, 152 x 126 cm |
Desde hace más de una década, Andrés Serrano viene siendo el chivo expiatorio favorito de América, el artista que, para bien o para mal, se ha convertido en el blanco de la relación amor-odio que sostiene el público con el arte contemporáneo. Puede que su ya clásica imagen de Piss Christ (1987) no haya desencadenado otras Guerras de la Cultura, pero qué duda cabe de que avivó las llamas cuando fue "descubierta" por miembros del Congreso en 1989. Desde entonces, Serrano ha producido una gran cantidad de obras que devuelven el favor de manera inquietante, dirigiéndose a sensibilidades medianamente cultivadas y desbaratando las zonas de comodidad que dan cuerpo a nuestras expectativas respecto al "high art". Nos vimos este otoño en la víspera de la inauguración de su exposición más reciente (irónicamente titulada América), en Gimpel Fils, Londres. El escenario fue un estudio de edición en el que está a punto de completarse la película Leo’s Fantasy, un documental sobre la gestación en 1996 de la serie de Serrano The History of Sex, en el museo Groninger de Holanda.
En la época en que hizo Piss Christ había muchos artistas trabajando en torno al cuerpo y las políticas de la identidad, al menos en Nueva York. Había penes por todas partes, o esa impresión daba, pero fue su imagen de un crucifijo la que dio pie a la mayor polémica.
Déjeme contarle una cosa. Por aquella época, conocí en San Francisco a un artista que me dijo que la noche anterior había ido a cenar con un grupo de artistas que se quejaban de Piss Christ. No comprendían por qué Piss Christ había acaparado tanta atención, habida cuenta de que ellos llevaban muchos años intentando hacer obras provocativas. Y es que ¿sabe? cuando uno intenta ser provocativo no funciona, mientras que muchos artistas han tenido que enfrentarse a la polémica en torno a su obra cuando ésta no era en absoluto su intención. Desde luego, eso fue lo que me ocurrió a mí con Piss Christ. Tenía 37 años cuando lo hice, y en realidad la polémica tuvo lugar dos años después. Antes de Piss Christ, tenía un público muy limitado. Tenía mis defensores, pero no cabe duda de que no se me conocía demasiado fuera del mundo del arte de Nueva York. Así que me produjo una sensación muy rara despertarme un buen día y ver que se me denunciaba ante el Congreso. Siempre he dicho que fue una experiencia muy kafkiana. |
|
|
ANDRES SERRANO, Piss Christ, 1987. Cibachrome, silicone, plexiglass, wood frame, 152 x 102 cm |
Mientras hacía aquella obra, ¿era usted consciente de que iba a ser provocativa? ¿A usted se lo parecía?
Antes, había estado trabajando con imágenes religiosas. Entonces empecé a explorar una idea nueva, quería fotografiar fluidos corporales muy de cerca, de un modo muy abstracto, remitiéndome a la pintura abstracta, a la pintura geométrica y a la action painting. En un primer momento las imágenes de fluidos, que consistían en leche, pis y sangre, eran muy abstractas. Así que en cierto punto decidí sumergir un crucifijo en uno de los líquidos, por dos razones: volver a los temas religiosos que había estado explorando antes y volver a la representación. De modo que Piss Christ supuso que confluyeran en una sola imagen dos direcciones distintas de mi trabajo, y, ciertamente, a mí no me provocaba.
Pero una cosa es mirar un cuadro rojo y blanco y otra muy distinta mirar una fotografía de sangre y leche. Cuando utiliza materiales como la sangre y la orina, sabe que va a provocar algo en el espectador, ¿no?
Usé los fluidos porque eran un poco más significativos que la pintura roja. Pero, ciertamente, no me imaginé lo que iba a ocurrir con Piss Christ. No diría que fue una casualidad. Desde entonces lo he entendido como un acto del destino. Pero en absoluto tuvo intención de ser provocativo.
En tanto que artista, ¿cómo vivió aquel periodo, con titulares de prensa y cobertura televisiva día tras día?
De hecho, fue un infierno. Probablemente haya quien se alegraría de que de pronto toda la atención se centrase en su obra, cualquier tipo de atención, sea buena o mala, sobre todo un artista que se está esforzando por salir adelante. Pero yo, francamente, tenía miedo. Tenía miedo porque pensaba que esta gente se me estaba echando encima por una mera fotografía, por una idea, simplemente por algo que había salido de mi cabeza. Así que tenía miedo de que mi propia vida constituyera una ofensa aún mayor. Tenía miedo a nivel personal. Recibí varias amenazas, unas pocas cartas que me llegaron a través de la galería. De hecho, uno de los momentos que más me asustaron tuvo lugar más o menos al mes de estallar la polémica, al ver todas aquellas reacciones hostiles procedentes de la prensa a lo largo y ancho del país. Le dije al que era mi representante en aquella época, Stefan Stux, que me parecía que necesitaba hacer una exposición para defenderme, y me dijo (esto fue en julio de 1989): "Para ser sincero, Andrés, no puedo montarte otra exposición porque no me puedo permitir volver a perder dinero contigo. Ya sabes que tu última exposición no vendió nada, así que te aconsejaría que te buscases otra galería". Eso fue lo que más me dolió, que, en el peor momento, no sólo me estuviese vilipendiando la prensa –personas a las que ni conocía ni me importaban--, sino que también me empezasen a atacar los del otro lado, profesionales del arte que sí saben algo de arte; pero, sobre todo, que mi galería me abandonara. Unas tres semanas después, Stux me llamó para decirme que había recapacitado y me organizó una exposición para aquel diciembre, exposición que realmente le dio un vuelco a mi carrera.
|
|
|
ANDRES SERRANO, The Interpretation of Dreams (Vagina Dentata - Vagina with teeth), 2001. Cibachrome, silicone, plexiglass, wood |
Su carrera siempre ha pasado por alto esa contradicción. En realidad, no puede usted decir que el suyo sea un caso de apoyo del mundo del arte contra las masas. Es cierto que le han atacado los políticos y la derecha religiosa, pero también tiene un gran público que va más allá del mundo del arte.
Cosa que me alegra. Mi obra llega a gente que no visita necesariamente las galerías. Y, mejor aún, a menudo me encuentro con personas que no conocen nada de mi trabajo, pero que han leído en la prensa algo que azuza su imaginación y que las empuja a venir a ver la obra. Siempre me he considerado un hombre del pueblo, un artista del pueblo, así que me gusta ese público que cruza desde otro lado.
De modo que es usted un hombre del pueblo, aun cuando le hayan presentado como el enemigo del pueblo, incluso, a veces, como el anticristo...
Bueno, una cosa sí que quiero decir. No soy un artista distante. No soy un artista que hace arte sobre el arte. Creo que a veces el público general se ofende por cosas que no entiende. Mi trabajo se entiende bastante bien. Puede que a uno no le guste, pero es fácil acceder a él.
Cuando se plantea obras nuevas, ¿adivina que van a desencadenar una polémica?
La verdad es que no. Tiene gracia lo poco que me han impactado mi público, mis coleccionistas, mis defensores, mis detractores, incluso mis agentes. En realidad no tienen demasiada influencia en lo que hago, y creo que así es como tiene que ser. Las reacciones y la desmesura del público nunca me han achantado. Por el contrario, me hacen sentir que voy por el buen camino.
|
|
|
|