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Walker Evans. Main Street, Saratoga Springs, New York, 1931 |
En 1846 se publicó en Barcelona el libro de ciencia ficción de Émile Souvestre El mundo tal cual será, traducido por un español del año 30001. Una de las litografías que incluye el libro nos ofrece un interesante paisaje urbano en el que las nuevas tecnologías han modificado los hábitos sociales. El dibujante sitúa en la calle de Alcalá la redacción del Gran Pañal periódico que sale a la luz indefinidamente y que se distribuye a través de una cinta sinfín. Desde lo alto de un globo, un observador se distrae con las nuevas perspectivas que le ofrece ese punto de vista privilegiado y recurre a la utilización de las prótesis que amplifican su visión para mirar mientras que abajo, en medio de la calle, dos personajes se desplazan con dos caballos que en lugar de pies tienen ruedas y utilizan el vapor como fuente de energía. Esta “instantánea” que nos muestra la actividad que hay en esta futurista calle está dibujando un paisaje urbano que tardarán aún muchos años en darse. Pero al mismo tiempo, nos muestra una realidad que no está tan distante de su tiempo y en la que podemos ver la expansión de lo visible que hubo en esa época. La aparición de nuevas formas de transporte como los globos aerostáticos y el ferrocarril propiciaron nuevos puntos de vista, nuevas sensaciones y cambiaron la concepción de la distancia. El aumento de la densidad de imágenes y de dispositivos ópticos aplicados, en algunos casos, a los espectáculos, comportaron un mayor interés por el naturalismo en la representación, al mismo tiempo que familiarizaron a los espectadores con la virtualidad. La industrialización de la sociedad occidental conllevó una mayor concentración urbana y las ciudades se transformaron para responder a las necesidades actuales. La creación de nuevos espacios públicos, las construcciones de vidrio y metal, la introducción de la luz eléctrica, propiciaron experiencias sensoriales y perceptivas que fueron incorporadas por los escritores, fotógrafos y pintores en sus creaciones como nos muestra el fragmento del texto de Théophile Gautier, “La hélice hace vibrar la espiral, la rueda bate los mares con sus paletas y la locomotora brama y jadea en el torbellino de su velocidad; un mundo habla con el otro a través del océano; el fluido eléctrico se ha convertido en cartero de correos, y el trueno dirige las cartas por el hilo; el sol dibuja los paisajes, tipos y monumentos; el daguerrotipo abre su ojo de cristal”2. Los temas de Théophile Gautier tampoco están tan distantes de la belleza tecnológica y urbana que proclamó, años más tarde, Filippo Tommaso Marinetti en el manifiesto futurista. En el periodo de tiempo que separa a los dos textos en la esfera artística se dieron bastantes cambios y cada vez se fue extendiendo más el abandono del ideal romántico en el que había un gran prejuicio contra lo industrial, contra la máquina por parte de artistas y críticos que estaban desconectados de la realidad social y tecnológica de su tiempo (...) |