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Wollen, Peter
Los automóviles y el arte

Ant Farm. Media Burn, 1975

Henry Ford y Karl Benz construyeron sus primeros coches de cuatro ruedas en 1893, el mismo año en que, según el acuerdo general, hizo su aparición el art nouveau. (Benz había construido el primer motor de un solo cilindro en 1885, el año en que Cézanne pintó El monte Sainte-Victoire). Leonardo da Vinci y Alberto Durero imaginaron proto-automóviles a finales de los siglos XV y XVI, según puede verse en el diseño que Leonardo hizo de un carro sin caballo accionado por muelles, fechado alrededor de 1478. Por otra parte, el grabado en madera que Durero hizo de un carro triunfal, impulsado mecánicamente por un sistema de ruedas dentadas movidas a mano es de antes de 1526. Estos proto-automóviles son tan sólo curiosos precedentes del interés que los artistas del siglo XX demostraron por el carismático encanto de la nueva tecnología y la maquinaria y, en concreto, por el diseño y la apariencia de los coches. En 1896, apenas tres años después de que Benz y Ford presentaran sus modelos, Toulouse-Lautrec produjo su litografía L’Automobiliste, en la que aparece una figura con gorra y gafas, las manos aferradas a la manivela de un volante y una palanca de cambios.

Gonzalo Lebrija. Entre la vida y la muerte, 2008

Más tarde, probablemente en 1900, Jules Chéret produjo un póster art nouveau para Benzo-Moteur, essence spéciale pour automobiles y más o menos de esa misma época, es el cuadro perdido de Paul Gervais titulado L’Effroi, reproducido en 1904 como frontispicio del libro The Complete Motorist, de Filson Young, donde se ven ninfas y centauros huyendo aterrorizados cuando unos faros cegadores se aproximan a ellos por una serpenteante carretera de la costa. Sin embargo, los futuristas italianos fueron los primeros en aclamar al coche como tema del artista de vanguardia. En 1901, Umberto Boccioni había pintado un automovilista que toma la delantera a una cacería del zorro. Posteriormente, a medida que el futurismo cristalizaba en un movimiento, Luigi Russolo pintó su Dinamismo di un’automobile (1913) y Giacomo Balla produjo obras como Velocità astratta y Velocità d’automobile + luce + rumore, representación geométrica estilizada de la conducción nocturna, donde unos fragmentos de luz atraviesan la oscuridad. Alrededor de la misma época, Balla también trabajó en una serie de bosquejos de automóviles en movimiento, con ruedas superpuestas que forman unos motivos poderosos y serpenteantes. El propio Marinetti compuso imágenes de velocidad y dinamismo en la diagramación tipográfica de sus poemas, Zang Tumb Tumb y Al coche de carrera.

Robert Polidori. 2732 Orleans Avenue, New Orleans, Louisiana, 2005

Para los futuristas, el coche simbolizaba la velocidad, el ruido y el poder, atributos que fueron la base de una estética de dinamismo y modernidad. Marinetti sostenía que el automóvil contemporáneo era más hermoso que la Victoria alada de Samotracia. Así, el vehículo de motor pasó a ser no sólo un medio de transporte funcional sino una obra de arte. El ingeniero del automóvil se convertía en artista y, a su vez, el artista pasaba a ser ingeniero. Gerald Silk escribió en el catálogo de la exposición Futurismo & Futurismi, organizada por Pontus Hulten en 1986, que Balla pintó el coche en marcha como tema de más de cien obras. En esta visión del mundo, los coches no eran tanto objetos funcionales como emblemas de una nueva modernidad, una nueva etapa del desarrollo social que no tardó en desviarse hacia el militarismo y el fascismo. La estética futurista se difundió rápidamente por toda Europa y finalmente acabó fusionándose con otra nueva tendencia elaborada por artistas de todo el continente, el Amerikanismus. Estos artistas consideraron Nueva York como el nuevo modelo de modernidad, por sus rascacielos y, evidentemente, por sus automóviles. Cuando Oskar Schlemmer trabajó en la Bauhaus, observó que “aquí el clima artístico no soporta nada que no sea lo último, lo más moderno, lo más actual, el dadaísmo, el circo, las variedades, el jazz, el ritmo frenético, las películas, América, los aviones, el automóvil” (…)

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