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Editorial |
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Olivares, Rosa Nosotros, los otros
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Henry Ries. Jewish refugees arriving at a fenced track at Kücknitz station after being forced to return, 1947 |
A lo largo de la historia del hombre, el arte, en sus más diversas tipologías, ha representado todo aquello que ha sido importante, trascendental, para él. A veces de una forma simbólica, otras veces de una forma directa, traducción de la propia realidad que ha llegado a crear un enfrentamiento semántico entre lo representado y su representación. Sin embargo, hay otras veces que el arte pierde su capacidad de representar y se convierte en una suerte de espectador, de acompañante en el mejor de los casos. El dolor, el sufrimiento de los otros nos suele crear confusión, dificultades de expresión. Cuando este dolor es inmenso, tanto en extensión como en profundidad, el arte tarda en encontrar una forma de representarlo. |
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Stephen Wilkes. Tuberculosis Ward, Statue of Liberty, 1998. Ghosts of Ellis Island series |
El éxodo, la migración de miles de personas de unos países a otros, de unos continentes a otros, obligándoles a dejar atrás, quizás para siempre, a sus seres más queridos, su religión, sus costumbres, sus paisajes, su cultura, es algo cada vez más frecuente. Lo vemos todos los días en los informativos: campamentos de refugiados en tantas partes del mundo que ya nos parece normal que las personas como nosotros tengan que dejar todo para vivir en tiendas de campaña en pleno desierto, sin nada más que la limosna, escasa, internacional y en continuo peligro de volver a ser movidos a otro lugar aún mas lejos, de perder la extraña cotidianeidad, su "vecindario" casual, de cambiar otra vez de costumbres, de ser incluso exterminados. Vemos todos los días cómo hombres, mujeres y niños que nunca han visto el mar se lanzan a cruzar el océano en embarcaciones imposibles para llegar a nuestras costas o para morir. ¿Cómo puede el arte tratar un tema así? La estadística nos dice que más de un tercio de la población total del mundo vive en otro lugar al de su nacimiento. Naturalmente no todos son víctimas de las guerras, otros lo son de la miseria, de la tiranía, y en general de problemas creados, mantenidos y ocultados por una sociedad política global más pendiente del mercado de valores que de los derechos del hombre. O al menos de los derechos del otro.
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Augustus F. Sherman. Sami Woman from Finland, Ellis Island Portraits,1905-1920 |
En este número que trata del éxodo en sus vertientes más habituales y masivas hemos recurrido inevitablemente a la fotografía documental, esa extraña clasificación que se da a las imágenes que no se comercializan habitualmente en los circuitos del arte sino en los medios de comunicación, hasta que su calidad, su intensidad o su fuerte carga de representación las confiere esa capacidad simbólica que define al arte. Estos fotógrafos nos muestran a través de sus miradas doloridas la vida, la soledad, las circunstancias de esas migraciones obligadas, de ese arrancamiento de la normalidad, de esa expulsión a lo desconocido, que significa irte, prácticamente con lo puesto, a otro lugar donde hablan otra lengua, donde vas a estar solo, donde rezan a otro dios, donde ya no eres nada, donde siendo ingeniero tienes que trabajar de peón o no trabajar. Donde cualquiera te puede tratar como a un delincuente (…)
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