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Artículo

Regás, Rosa
Literatura y vida en la lectura

Ethiopie - Main I, 2005

Nada es más fácil que poner de manifiesto las ventajas de la lectura sobre la ausencia de lectura, la benéfica influencia que tiene sobre todos nosotros, y sobre todo, el placer que nos proporciona. Leer es ante todo un ejercicio de la mente que la mueve, la revoluciona y la desarrolla, siempre produciendo esa inquietud que asoma cuando nos acercamos a otras voces y otros ámbitos, en una palabra, cuando accedemos a otros mundos distintos del que nos envuelve y nos protege. Leer, bien lo sabemos, acelera el ritmo de nuestra inteligencia, la fortalece y la enriquece, del mismo modo que caminar fortalece los músculos de las piernas y nos hace más ágiles. Pero además, esa misma inteligencia va adquiriendo con la lectura tal confianza en sí misma que, al poner a debatir su propio parecer con los pareceres múltiples que le ofrece la lectura, adquiere su propio criterio frente a todos los acontecimientos que la vida nos ofrece. Es en buena parte gracias a la lectura que la inteligencia deja de ser susceptible de ser manipulada, al menos en gran parte, y comienza y afianza su propio camino hacia la libertad.

Apocalipsis (San Juan), 1999

inevitablemente por nuestra experiencia, nuestra imaginación y nuestra fantasía, gracias a las cuales somos capaces de interpretarlo y de hacerlo nuestro, de tal modo que el resultado de la novela, del relato o incluso del ensayo que hemos recibido lo recreamos en función de nuestra propia interpretación. Es ahí donde reside la grandeza de la creación: todo el que bebe de ella no sólo participa de la creación del autor sino que a partir de ella crea su propia historia. Un maravilloso libro como Don Quijote de la Mancha, por ejemplo nos da múltiples pruebas de ello. A lo largo de estos cuatro siglos cientos de artistas han bebido de su historia para crear a su vez otros mundos de ficción en los que habrán volcado su interpretación de los personajes y de los paisajes y de los conflictos, para lo cual habrán utilizado los elementos que constituyen su propia personalidad, su biografía: la memoria, la experiencia, la forma de entender el mundo y los miedos, angustias y ternuras de su propia historia.

S/T, 1994

Músicos, pintores, escultores, cineastas, místicos, poetas, filósofos, investigadores. Cada cual con su propio Quijote a cuestas, como si en la visión que contiene la de todos y cada uno de nosotros estuviera la verdad total y definitiva de El Quijote. Pero volvamos a la lectura: sumergirse en la lectura, sea de ficción o de opinión o de investigación, proporciona uno de los grandes placeres para los que, todo parece indicar, hemos venido al mundo, ya que para ello disponemos de las herramientas necesarias. Cierto es que esas herramientas hay que utilizarlas, de otro modo ni hay lectura ni hay placer. De ahí que la lectura siendo un placer, sea uno de los placeres activos que exigen nuestra colaboración, en contraposición con los placeres pasivos que nos ofrecen tantos ocios conocidos hoy, en los que, por decirlo así, casi no participan las facultades del alma y no tienen más exigencia que, es un decir, ese leve movimiento de la mano para ir cambiando de canal.

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