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Editorial
Rosa Olivares
Yo soy el otro
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PIERRE ET GILLES, LA FANNY - Frédéric
Lenfant, 2000
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El trabajo en equipo siempre es un misterio:
¿quién hace qué? ¿Uno piensa y el otro
realiza, o se desarrolla todo el proyecto de trabajo en conjunto...?
¿Hasta dónde se diferencia la personalidad de cada
miembro del equipo? ¿Hace falta una unión perfecta
o el debate entre contrarios es esencial? Estas dudas y otras muchas
pueden aparecer cuando estamos ante una obra realizada por un grupo
de autores, por un equipo, por una sociedad artística.
Hay ciertos tipos de creación que son inevitablemente realizados
por un equipo de especialistas, pero cada uno de ellos conserva
la autoría de una parte concreta, a pesar de que la obra
en su conjunto tenga una sola e identificable firma. Así
es en el cine, o en la arquitectura, donde intervienen ingenieros,
informáticos, especialistas en materiales y otros técnicos,
aunque la firma del arquitecto sea una sola. En música, desde
la orquesta tradicional al conjunto más moderno, el equipo
viene dado desde el origen, pero sabemos quién es el pianista,
el cantante o el compositor. Pero, ante una obra de Gilbert &
George, ¿quién puede saber quién ha hecho una
parte y quién la otra cuando, incluso, podemos no reconocerlos
individualmente?
En una ópera, considerada como la obra de arte total de
finales del siglo XIX, o en el teatro, el buen trabajo de un gran
equipo es fundamental. Tal vez sea en la literatura donde más
se esconda la labor de equipo, los también llamados negros,
sometidos a la importancia ineludible de un sólo autor. En
grupo, en equipo o en pareja, solamente se suelen escribir estudios
científicos o tratados legales, tal vez ensayos, pero nunca
un poema ni siquiera una novela de aventuras.
En las artes plásticas lo más cercano al equipo fue
el taller, aunque casi siempre con un maestro, o el anonimato del
trabajo de encargo, pero esto sólo se concibe por la falta
de categoría social que han tenido los artistas hasta tres
o cuatro siglos atrás.
El equipo, dos o más, de artistas que se presentan como un
sólo autor es característico de la contemporaneidad.
En ellos la diferenciación de funciones queda oculta ante
la actitud unívoca de los integrantes del grupo. Gilbert
& George afirman que cuando crean son sólo uno. No hay
diferencias de intereses ni de objetivos, y la experiencia individual
sirve como complemento, no como rivalidad. Sin embargo, esta actitud
resulta paradójica ante una de las características
más representativas del artista: la necesidad de reconocimiento.
Trabajar en equipo supone desarrollar más profundamente una
idea y una forma, pero también implica diluirse como individuo
aislado en el seno del grupo.
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SubREAL, Framing Ámsterdam,
2000
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Durante el pasado siglo XX el trabajo en equipo vivió su
apogeo, y se desarrolló sobre todo en el ámbito de
las vanguardias artísticas, siempre con fuertes cargas conceptuales,
sociales, incluso transgresoras. Y de hecho ha habido, y hay, equipos
que han marcado la evolución del arte actual, de la fotografía
o del accionismo y del arte conceptual. Algo que en la historia
no había sucedido nunca anteriormente. Nombres como los de
Marina Abramovic & Ulay, Patrick & Anne Poirier, Bernd &
Hilla Becher, Anna & Bernhard Blume, Gilbert & George, Christo
& Jeanne-Claude, The Boyle Family, el Equipo Crónica,
Art & Language, General Idea o Guerrilla Girls, están
en todos los libros de historia del arte actual y muchos de ellos
han trazado líneas de trabajo que mantienen su vigencia e
interés.
La unión de dos o varios artistas puede ser temporal, como
en los casos de Abramovic y Ulay, Fontcuberta y Formiguera, ZAJ,
Jason Rhoades y Paul McCarthy. Unidos a veces por un periodo de
su vida, otras veces por un proyecto concreto, pueden realizar trabajos
conjuntos y posteriormente seguir cada uno por su lado carreras
separadas. Pero con más frecuencia la unión de varios
artistas desemboca en una firma en la que a pesar de conocer, o
no, a sus componentes por su propio nombre, se convierte en un sólo
artista. Este es el caso más habitual, como los referentes
más clásicos de Gilbert & George y Bernd &
Hilla Becher. A veces los grupos de más de dos miembros se
alteran con el tiempo y entran o salen miembros nuevos, sin embargo
eso no afecta a la tarea del grupo ni a su desarrollo, y la mayoría
de las veces estos cambios de plantilla pasan inadvertidos
para el público pues el nombre del artista es el nombre del
grupo.
El principal problema es la convivencia. Vivir con otro el proceso
de creación, compartir ideas, tiempo, esfuerzos y sueños.
Cómo ser uno mismo y parte del otro, cómo poder aceptar
que otra persona sea una parte de ti mismo, que comparta tus deseos
y tus miedos. Compartir ese territorio a veces inconsciente donde
el ego, las manías y las ambiciones conviven entre sí.
Aceptar perder parte de uno mismo para adquirir esa misma proporción
de otro es siempre el problema de la convivencia. Implicarse totalmente
en ese 50 % de la vida que, según Freud, es el mundo del
trabajo, y, la mayoría de las veces de una forma inevitable,
compartir también el otro 50%, la vida privada, íntima
y pasional. Ese es el reto final de cada unión.
Se podrían establecer dos tipologías mayoritarias
en las formaciones de los equipos de artistas: los equipos que están
unidos también en su vida privada, que viven juntos y son
parejas reales, y aquellos otros que se agrupan en razón
de una causa ideológica, estética o social y que sólo
están unidos en el trabajo manteniendo sus vidas privadas
independientes.
Entre las razones más frecuentes para que una serie de individuos
decidan crear juntos todo un cuerpo de obra está la acción
social más radical, como la lucha contra el SIDA o la reivindicación
de la mujer, y naturalmente la crítica al poder político
y económico. Guerrilla Girls, General Idea, Group Material,
Komar & Melamid o AES Group, serían en este sentido grupos
paradigmáticos. De los tres miembros de General Idea dos
han muerto a causa del SIDA y su obra se ha convertido en el emblema
de una lucha no acabada. Guerrilla Girls son un auténtico
símbolo de la reivindicación del papel de la mujer
en la sociedad cultural, denunciando, a través de carteles,
acciones y campañas de un feminismo punzante y no exento
de humor, la discriminación más o menos encubierta
que padecemos. Otra lucha que tampoco se ha terminado todavía.
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GILBERT AND GEORGE, West End,
2001
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Más frecuente es aún la
unión afectiva en todas sus posibles facetas. La unión
de pareja, heterosexuales o homosexuales, o una unión que,
con el tiempo y a pesar de no haber lazos sexuales, se convierte
en una amistad que va más allá en el desarrollo de
un estilo artístico que, por separado, no pertenece a ningún
miembro aislado del grupo ni podría ser llevado adelante
por uno de ellos en solitario. Pierre et Gilles, los Becher, Abramovic
y Ulay, los Blume, Fischli & Weiss, Clegg & Guttmann, subREAL,
Cabello y Carceller, Bleda y Rosa, Palacín y Viaplana, MacDermott
y McGough... son algunas de estas parejas totales que han trabajado
juntos y creado una marca reconocible. Algunos de ellos se han separado
y su obra posterior ha evidenciado la ausencia de una parte del
cuerpo del grupo, algo irrecuperable y que obliga a repensar la
actividad y reestructurar gran parte del método de trabajo.
Mención especial merecen las
uniones entre hermanos, la mayoría de las veces gemelos,
que desarrollan un trabajo unidos más allá del cordón
umbilical. En estos casos la unión, la simbiosis no es sólo
electiva sino, se podría decir que genética. El parecido,
la obsesión y el desarrollo de su obra son paralelos aún
separados. Es el caso de las hermanas Wilson, Jane y Louise, que
presentaron cada una el trabajo de la otra en sus estudios de arte,
realizados por separado en escuelas diferentes. Jake & Dinos
Chapman, Mike & Douglas Starn, Liesbeth y Angelique Raeven,
MP & MP Rosado Garcés, son otros casos de hermanos unidos
en su trabajo. En muchas de sus obras la alteridad, la presencia
del doble, el reflejo del otro forma parte también de la
esencia de la obra, como una obsesión del propio origen.
En general, todo el trabajo en equipo en el ámbito artístico
tiene unas características muy específicas, a pesar
de que no se puedan trazar escuelas ni líneas generales de
asociación. Pero, sin duda, el trabajo en grupo hace que
la seguridad se fortalezca, que la necesidad de reconocimiento sea
menos acuciante. El diálogo, el hecho de compartir ideas,
tiempo y proyectos favorece el crecimiento de las obras que surgen
de formas diferentes, casi siempre con una consistencia y una rotundidad
característica. Trabajar, vivir juntos, pensar a dúo,
problemas de la convivencia en un mundo cada vez más individual:
excepciones llenas de calidad e interés

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