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Anna & Bernhard Blume
De la A a la Z
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ANNA & BERNHARD BLUME, de
la serie Trautes Heim, 1985-86, 200 x 127 cm.
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La mayoría de las contribuciones
fotográficas que actualmente se publican en las revistas
de arte pertenecen a una concepción fotográfica esencialmente
tradicional y de parámetros de configuración del espacio
ilusionista, muy distinta a la que corresponde nuestro trabajo.
Esta es la concepción dominante en la fotografía que
hasta hoy ha sido relevante, después de que a finales del
siglo XIX la fotografía se convirtiese en la continuadora
de la espacialidad ilusionista y la ingenuidad documental de la
pintura, con excepción de la concepción que rige los
trabajos de los artistas de la Bauhaus y de los inicios de la fotografía
abstracta europea y rusa.
Sin duda debe haber también en otros países europeos,
y quizá también en España, fotógrafos
cuya obra se haya visto influenciada por el anti-ilusionismo de
la pintura moderna, que ya cuenta con más de cien años,
sabiendo que, de cualquier modo, no hay ninguna fotografía
objetiva en el sentido de una expectativa de representación
ingenua.
También nosotros empezamos como pintores y dibujantes, nos
formamos en la alta escuela de la pintura abstracta. Pero en las
décadas de los años sesenta y setenta entramos en
contacto con el círculo del llamado arte accionista y performativo,
cuyas huellas aún perviven en nuestras acciones fotográficas,
acciones que hay que aclarar que organizamos sin público
y sólo frente a la cámara.
En estos momentos representamos a la generación que sigue
al accionismo de Düsseldorf creado en torno a Joseph Beuys
y a los artistas americanos de Fluxus. Hemos querido crear un accionismo
irónico, crítico frente al medio, que se escenifica
obra por obra, componiendo la imagen según las reglas de
la pintura abstracta.
Nuestra concepción de la imagen, anti-ilusionista, queda
patente en la renuncia a la fotografía en color (toda nuestra
obra, excepto una sola serie realizada en polaroid, está
hecha en blanco y negro). Que nosotros miramos y fotografiamos con
los ojos de los pintores abstractos -sin asumir sus dogmas suprematistas,
ni ningún otro- puede comprobarse en los ejemplos de nuestra
serie, creada entre 1994 y 1995, Constructivismo Trascendental,
en la que nos regimos por el principio de la construcción
y la composición abstractas, al tiempo que ironizamos por
medio de la acción sobre la fetichización museística
de dichos principios en una serie de escenas concretas.
En su día redactamos la siguiente declaración irónica:
La serie de foto-acción Constructivismo Trascendental
muestra a los artistas, nosotros dos, como el instrumento y la víctima
al mismo tiempo de construcciones arbitrarias. Las formas blancas,
hechas de un material inteligible, quieren formar figuras
lógicas o constituirse en órganos ampliados de una
razón más pura que aún no se ha
encontrado a sí misma.
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ANNA & BERNHARD BLUME, de
la serie Vasenekstase, 1986, 200 x 127 cm.
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Naturalmente, el cuadrado blanco y otros arquetipos
abstractos de la imagen siguen siendo un incunable paradigmático
de la modernidad. Nuestro uso de la fotografía le rinde pleitesía,
al tiempo que trata de subrayar su aura museística e ideo-estética,
haciendo que estas formas nos asalten con la neurosis propia de
los medios cual objetos numinosos de otro mundo.
Y así nos ocurre también, como instrumentos y al mismo
tiempo víctimas de una especie de asalto mediúmnico
con los objetos y los artefactos cotidianos: nuestra serie de 1985,
reproducida demasiadas veces bajo el título Delirio
de cocina (desde 1989 también en el MoMA de Nueva York
) -a cuya publicación en EXIT quisiéramos renunciar
en estos momentos-, elige la patata como ejemplo (hay que recordar
que la patata es un alimento básico para los alemanes) y,
más allá de esto, nos remite a la esclavitud del ama
de casa. Entretanto, la cocina americana del fast food ha llegado
también a Alemania y las amas de casa lo tienen más
fácil.
A diversos objetos de culto domésticos, como el jarrón
blanco, ese arquetipo tan fálico como vaginal
de la sala de estar de la casa alemana -sobre todo para la agarrotada
generación de nuestros padres- le dedicamos una particular
atención en diversas acciones que llevamos a cabo en la década
de los setenta y ochenta.
Las escenificaciones simulan en realidad un medio irónico
de nuestra subversión, centrada en las acciones fotográficas:
las cosas y los objetos, largamente sometidos a la disponibilidad
humana recuperan en cierto modo su propia vida en nuestras fotografías,
y a su vez en un salto espiritista, objetivizan a los
protagonistas humanos, que caen víctimas de un asalto
de la tercera especie.
Se sobreentiende que tales acontecimientos tienen un carácter
muy íntimo, por esquizoide. A esta división
del alma le corresponde en el ámbito de la escenificación
también esa división del trabajo que nos convierte,
según la situación, en sujetos u objetos de la fotografía.
(Traducción del alemán: Cristina García Olrich
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