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Stephen Walker
Cuatro veces arquitectura ficticia
1 Sobre las ficciones
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ALAIN BUBLEX, Plug-In-City 2000,
Zurich, 2001
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Arquitectura
ficticia: la ambigüedad del adjetivo, que oscila entre la tarea
constructiva de la imaginación y la mentira intencionada, puede
llevar a varias arquitecturas diferentes. Cabe trazar una primera
distinción entre la arquitectura tal y como aparece en el Mito (la
Torre de Babel, el Laberinto de Dédalo, el Templo de Salomón) y
los mitos arquitectónicos, esas mentiras-ficción que perpetúan la
disciplina de la Arquitectura (la afirmación de que el objeto arquitectónico
sostiene una relación inmutable con el sujeto humano, y de que la
mente humana, o, para ser más precisos, la mente del arquitecto,
puede liberarse de esta estasis y adquirir un punto de vista externo
desde el cual el objeto pueda ser abarcado como objeto “total”).
Más adelante sugeriremos que las concepciones constructivas, productivas,
de la arquitectura ficticia pueden cuestionar esta idea tradicional.
Sin embargo, empezaremos con otra ficción
arquitectónica; a saber, que define el espacio. De hecho, tal y
como apuntan los arquitectos Diller+Scofidio, el espacio está prescrito
con anterioridad a la arquitectura... está codificado legal,
política, moral y socialmente antes de que llegue la arquitectura.
Aun así, y esto es importante, ninguna de estas codificaciones previas
se puede considerar inmutable, a pesar de sus ficticias afirmaciones
de lo contrario. En determinados momentos de la historia, se producen
cambios que tienen grandes repercusiones en estas disciplinas (lo
que Foucault llama cambios de paradigma); en el siguiente
apartado examinaremos más a fondo varios ejemplos de estos cambios,
ejemplos en los que se trastocan las relaciones entre la representación
espacial y la arquitectura. Por el momento, nos quedaremos con la
dimensión social de la observación de Diller+Scofidio para ilustrar
varias tendencias arquitectónicas recientes que intentan poner de
relieve, reconocer o cuestionarse la ficción oficial.
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GORDON MATTA-CLARK, Conical Intersect,
Paris, 1975
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En este contexto resulta relevante la
obra de muchos de los artistas que aparecen en esta revista, puesto
que también ellos investigan esta relación entre las instituciones
sociales y sus expresiones arquitectónicas. Casebere dice de sus
maquetas que son metáforas de estructuras sociales sólidas, y hay
muchos que se apresuran a vincular su obra sobre las prisiones con
las famosas observaciones de Foucault sobre el Panóptico de Bentham
(vínculo éste que Casebere intenta minimizar, señalando la actualidad
de su obra en el contexto del programa de construcción de prisiones
en Estados Unidos durante los años 80 y 90). La obra de Gordon Matta-Clark
a menudo destacaba la desigualdad entre ricos y pobres: por ejemplo,
Window Blow-Out (1976) yuxtaponía fotografías de la descuidada
arquitectura de los pobres del Bronx con el prístino Instituto de
Estudios de Arquitectura y Urbanismo de Manhattan. Los fotocollages
de AES Group yuxtaponían arquitectura institucional de diferentes
culturas y religiones, situando en primer plano la opresión de ciertos
grupos en una sociedad dada (el Reichstag, con su cúpula en forma
de bulbo apuntando a la numerosa clase marginal de los turcos de
Berlín).
Haciéndose eco de la existencia de esta
clase marginal, con las cuestiones arquitectónicas que le son propias,
la obra de Rural Studio, promovida por Sam Mockbee, protesta contra
las desigualdades sociales entre los ricos y los pobres de Alabama
y da poder a los que suelen verse excluidos del proceso de diseño
o de construcción. Por mucho que la arquitectura pueda afirmar lo
contrario, los arquitectos trabajan fundamentalmente para y en los
intereses de individuos acaudalados o de grandes empresas.
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JÖRG SASSE, 5671, 1996
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Una estrategia distinta, que intentaba
poner de relieve ciertos aspectos del entorno diseñado que carecían
de sitio en el canon oficial de la arquitectura, es la que articulan
Robert Venturi y Denise Scott-Brown en Learning from Las Vegas.
Este estudio pionero se consideró radical en el momento de publicarse,
aunque posteriormente ha sufrido cierta domesticación debido a su
aceptación oficial. Con todo, la arquitectura ficticia que tenía
como tema -ficticia, aquí, en el sentido de que los edificios de
Las Vegas no darían la talla de “arquitectura” según los criterios
oficiales de la disciplina- tal vez sea, junto con la arquitectura
de los parques temáticos como Disneylandia, un excelente ejemplo
de una arquitectura cuya explicación ha intentado saldar la disciplina
diciendo que es “simplemente” ficticia. Se puede “dar cuenta” de
Las Vegas y Disneylandia porque son excepciones aparentemente aisladas
a la “vida real”. Sin embargo, esta aparente separación sólo es
superficial: muchos han demostrado las íntimas relaciones que existen
entre los espacios aislados y contenidos que se destinan a las conductas
aberrantes (cabe añadir Casino y Parque Temático a Prisión, Clínica,
Manicomio...). Lo que quizá sea más interesante en el contexto actual
es que las arquitecturas de Las Vegas y Disneylandia, cada una a
su manera, pertenecen a épocas muy distintas de aquellas con las
que tradicionalmente se ha asociado la arquitectura; las atracciones
de Las Vegas, a pesar de ser inmensamente caras, tienen una expectativa
de vida muy breve; las de Disneylandia pertenecen a una época completamente
diferente, a un tiempo de ficción que no tiene nada que ver con
la historia tradicional, lineal. En lo que respecta a sus clientes
y usuarios, Las Vegas y Disneylandia son diametralmente opuestas
a trabajos como los que acomete Rural Studio; aun así, ambas son
casos en los que la arquitectura excede su postura o definición
tradicional al reconocer que las condiciones sociales existían antes
de llegar ella. (...)

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