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Francisco Javier San Martín
Construyendo la ficción. Algunos ejemplos sobre arquitectura,
ciudad y fotografía
Maquetas
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AES GROUP, The Islamic Project,
1996
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Nuestro planeta está construido, la
tierra está repleta de edificios, de ciudades. Hay lugares, como
Los Angeles, México DF o Yakarta, en los que la metrópoli convertida
en megalópolis se ha adueñado de partes significativas del territorio.
Por otra parte, desde los comienzos de la fotografía, la arquitectura
ha constituido uno de sus motivos privilegiados. La historia de
la fotografía y la de las representaciones de la arquitectura y
la ciudad parecen correr paralelas: es lógico, ya que frente a la
pintura, que vivió los siglos XIX y XX en la tensión entre innovación
vanguardista y el peso de una tradición secular, la fotografía adaptó
rápidamente su modernidad tecnológica -objetiva, instantánea, veraz-
a la nueva realidad de la sociedad industrial.
Bajo estas premisas, que serían genéricas
para toda la relación entre la arquitectura y la ciudad, lo que
llama la atención es la abundancia de maquetas en lugar de edificios
reales en la actual especulación fotográfica. Sólo entre los artistas
que aparecen en éste número de Exit podríamos citar a James
Casebere, Oliver Boberg, Loris Cecchini, Javier Vallhonrat o Jordi
Colomer. Entre otras cuestiones, esta proliferación implica una
inversión del procedimiento Merzbau. Schwitters construyó
un espacio ideal, en realidad una maqueta a gran escala, y las fotografías
que encargó a un fotógrafo de Hannover -que aún permanece anónimo-
eran algo secundario en su proyecto, pura documentación del trabajo
realizado. Pero el ansia post-moderna por construir maquetas con
el fin programado de ser fotografiadas vuelve a hablarnos de una
debilidad de la arquitectura real tanto como de una desconfianza
de los artistas hacia las arquitecturas construidas. O, explicado
de otro modo, se trataría de una reacción a la documentación sobre
arquitectura que había dominado buena parte del panorama conceptual:
sólo los títulos de los libros de artista con documentación sobre
edificios que publicó Ed Ruscha entre 1964 y 1970 indican en buena
medida su alcance y sus intenciones: Twenty-six Gasoline Stations,
Some Los Angeles Apartments, Every Building on the Sunset
Strip, Nine Swimming Pools, Real Estate Opportunities, …Pero
no estaba solo en ésta seca forma de entender la fotografía y la
arquitectura. En 1966 Dan Graham realizó su célebre artículo en
la revista Arts, Homes for America, ilustrado con
fotos suyas de barrios de viviendas unifamiliares, en los que analizaba
sus elementos estructurales con un sentido pseudo-profesoral, y
en 1971 Hans Haacke, recién abandonadas sus piezas post-minimalistas
que reaccionaban al entorno, comenzó su andadura de artista político
con Shapolsky et al. Manhattan Real Estate Holdings, a Real Time
Social System, as of May 1, 1971, en el que mostraba 146 fotos
y otros muchos documentos relativos a los negocios inmobiliarios
de la familia Shapolsky en Harlem y Lower East Side. Todo ello indica,
entre otras cosas, que el arte estadounidense tuvo especial interés
en tratar la arquitectura como cristalización idónea de la realidad,
y que la deriva hacia la irrealidad de las maquetas fotografiadas
es una reacción ante ello. Hay que recordar que también en Europa
Hilla y Bernd Becher estaban tratando la arquitectura, en este caso
instalaciones industriales, en sus impasibles fotografías en blanco
y negro en las que aplicaban una rigurosa depuración formal. Pero
quizás también las maquetas fotografiadas constituyan una última
forma de defender cierta forma de fotografía, cierta materialidad
construida, aunque ficticia, un resto de manualidad, frente al imperio
de la digitalización.
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AITOR ORTIZ, Destructuras 000-0033,
1996-2000
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El estadounidense James Casebere ofrece
en su obra el ejemplo más característico de esta estrategia de ficcionalización
de la arquitectura. Las maquetas que emplea Casebere para realizar
sus fotografías no representan, a pesar de su aspecto verosímil,
lugares reales, sino aproximaciones tipológicas de espacios de reclusión:
cárceles, escuelas, hospitales, monasterios… espacios “para el control,
para el castigo, para la categorización. Pero al mismo tiempo es
una construcción mental, tanto como física”. A pesar de su carácter
de arquitecturas ficticias, las maquetas están realizadas con yeso,
un material real de la arquitectura. En algunas piezas, como
Flooded Hallway, 1998, la inclusión de agua y la exactitud
de los reflejos, aumentan el efecto de realidad. Son maquetas en
pequeña escala, pero a diferencia del trabajo del maquetista, que
sustituye los materiales de la construcción por otros con los que
los representa, Casebere emplea materiales reales. En definitiva,
Casebere realiza arquitecturas de espacios reales construidos desde
la ficción, mientras el Merzbau fue un espacio de ficción
construido realmente y habilitado para la vida y el trabajo. La
evolución entre estas dos obras, que podría funcionar como diferencia
entre modernidad y post-modernidad, iría en el sentido de la desaparición,
la inmaterialidad y la ficción.
Arquitectura y logotipo
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FRITZ LANG, Metropolis, 1927
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El Centro Pompidou de París, símbolo
de una nueva estrategia museística en Occidente, amparado en uno
de los ejemplos más acabados de la arquitectura high-tech,
aparece recubierto de una estructura arquitectónica árabe, con alfombras
colgando de su estructura de acero y rodeado de una abigarrada multitud
de hombres cubiertos con turbantes. La arquitectura, último impulso
del optimismo tecno-científico, evidencia la estructura sustentante
y los servicios, como si el edificio constituyera una máquina. Esta
arquitectura ha sido enfrentada por el abigarrado decorativismo
islámico. También el Reichstag berlinés o la torre del parlamento
londinense aparecen inverosímilmente coronadas por cúpulas árabes.
La arquitectura es uno de los grandes condensadores de significación
cultural. A menudo, los edificios no sólo hablan, sino que son capaces
de resumir toda una cultura. ¿De dónde proviene si no el impacto
psicológico, la chispa de sorpresa que provoca Islamic Project,
esta serie de fotomontajes que el AES Group realizó en 1998? Precisamente
del carácter emblemático de las edificaciones empleadas. En algún
caso, una escultura puede funcionar como emblema de una ciudad,
como la Sirena de Copenhague, pero la primacía en esta capacidad
de resumir -como una auténtica sinécdoque, la parte por el todo-
corresponde a la arquitectura. El Big Ben vale por todo Londres,
como la Torre Eiffel es París. Esta transferencia retórica no está
anclada en el pasado, sino que sigue construyéndose: el edificio
de la Ópera de Sidney o, incluso, amplificándose: el Museo Guggenheim
de Bilbao no es propiamente el símbolo de la ciudad, sino su creador,
el mecanismo que la ha hecho existir en los media o, según
el lugar común que emplean los políticos, “la ha situado en el mapa”.
El edificio crea la ciudad, no pretende ya integrarse en
el tejido urbano, sino recrearlo a su sombra.

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