Douglas Bohr

Picture Show

JAMES CASEBERE, Nevisian Underground #3, 2001

(...) Desde mediados de los años 70, James Casebere ha fotografiado maquetas del tamaño de un tablero de mesa. Las construye con poliestireno, papel, yeso y otros materiales frecuentes en este tipo de construcciones. Estas maquetas minuciosas, complejas, se basan en paisajes y arquitecturas reales e imaginados que van desde la Penitenciaría del Estado de Pennsylvania-Este hasta el Monticello de Jefferson y el Nevisian Underground. En el estudio del artista, las maquetas se pintan, se iluminan espectacularmente y se fotografían a conciencia desde varios puntos de vista, pero al final se abandonan o se echan a perder como cualquier escenario cinematográfico o teatral. Las fotografías son la representación que hace Casebere de su propia construcción; una re-construcción y una re-presentación de la propia interpretación del artista. Las fotografías más recientes son ampliadas hasta tal punto que las estructuras parecen de tamaño natural, superando con mucho la escala de las maquetas. Al colocarnos delante de ellas, parece como si pudiéramos entrar en el espacio, en un espacio tan "concreto” como los muros de una celda carcelaria, o como el Monticello de Jefferson.

Como ocurre con toda imagen ilusoria, la estructura interna de las imágenes de Casebere sostiene -apuntala, si se quiere decir así- las cualidades intangibles que tan palpables parecen a primera vista. Al otro lado de las ventanas trabajadas, la luz de la lámpara del estudio parece etérea. Cuando la luz da en el suelo o refleja la superficie del agua, afirma una presencia corpórea, como si el agua estuviera fluyendo a través de una arquitectura centenaria. La austera belleza es espectacular en y por sí misma; tan seductora que tal vez el observador no esté dispuesto a desenmascararla y quiera creer que podría ser real. Irónicamente, este encaprichamiento distancia al observador, impidiéndole que reconozca ninguna fachada.

JAMES CASEBERE, Vaulted Corridor, 1994

Y si bien no hay una correlación aparente con ninguna narrativa escrita, parece que estas imágenes aluden a un pasado, a un presente y a un futuro. Al no haber la menor presencia humana, un observador ansioso podría imaginarse una historia humana dentro de los espacios abandonados, o, al menos, preguntarse por qué se habrán elegido estos espacios; qué ha ocurrido ahí que merezca nuestra atención. Más aún, como ya he dicho, no se trata necesariamente de espacios abstractos, sin nombre. Por el contrario, parecen lugares de una gran importancia histórica o cultural. Hay un drama humano, por no decir histórico, incrustado en estos espacios. ¿Cómo concilia uno esto con el hecho de que son espacios fabricados?

En muchos sentidos distintos, la obra de Casebere crea el marco para un análisis convincente de la relación entre la percepción de la realidad y el ámbito virtual de la fotografía. (...)