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Juan Guardiola
Mis pequeñas películas (La versión del director)
(Entrevista con John Waters)
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JOHN WATERS, Self Portrait #2,
2000
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El cambio de siglo, en lo que a cultura
se refiere, nos ha permitido observar cómo el fin del pensamiento
único y la proliferación de discursos individuales ha ido parejo
a una diversidad en la utilización de los recursos expresivos por
parte del creador. El artista contemporáneo, lúcido observador de
su tiempo, ha dejado de enfocarlo desde una sola óptica y se enfrenta
a éste desde múltiples miradas. Nuevas estrategias (y nuevos territorios)
que, aún dispares, a la larga resultan afines. El arte, sinónimo
de pintura y escultura hasta hace relativamente poco, ha hecho de
la imagen analógica y digital uno más de sus medios. Este trasvase
continuo de disciplinas ha encontrado en la fotografía y en el cine
uno de los lugares más emblemáticos en la producción cultural de
nuestra época. En el caso que aquí nos compete, no se trata tanto
de hablar de directores de cine que hacen fotos o viceversa, sino
de indagar en un tipo de interrelación entre soportes que va más
allá de dicha anécdota. Un ejemplo lo podemos encontrar en el trabajo
de John Waters. A priori, su obra fotográfica sería susceptible
de verse reducida a tal análisis, sin embargo, a medida que observamos
su producción “plástica” comenzamos a descubrir conexiones íntimamente
ligadas tanto a su labor cinematográfica como al contexto artístico
que la originó. Este diablillo de bigote fino o “príncipe inmundo”,
apelativo cariñoso con el que es a menudo conocido, resulta ser
una persona educada, intelectual, amén de extremadamente afable
y divertida. Muy diferente del mito de enfant terrible de
la cultura basura con el que su nombre (y obra) ha estado indisolublemente
asociado. He aquí las directrices que han encaminado nuestra
conversación.
- Para una inmensa mayoría de críticos y espectadores
su trabajo sólo nos ha legado algunas de las películas más perturbadoras
y “desagradables” de la Historia del Cine, sin embargo, otros creemos
que efectivamente esto es cierto pero que lo ha hecho de un modo
lúcido, satírico e inteligente, abordando y mezclando cuestiones
tan dispares como la crisis de la institución familiar, el género,
la “confusión sexual” o la misma pena de muerte. ¿Está de acuerdo
con esta doble lectura de sus primeras obras cinematográficas?
Es cierto que siempre he intentado ver
el lado humorístico de algunos temas de los que tal vez no te habías
reído nunca. Pienso que el humor es liberación, el humor es protección,
creo incluso que mientras te daba imágenes repulsivas, al mismo
tiempo te estaba pidiendo que te gustaran esas imágenes y que tal
vez las miraras de otro modo. Que le dieras una oportunidad a algo
que antes odiabas. Creo que la única manera en que se puede cambiar
la mentalidad de las personas es haciéndolas reír, y entonces por
lo menos te prestarán atención. Por lo menos se abrirán a la posibilidad
de ver las cosas de otro modo. (...)
(...) - Me gustaría discutir en esta
charla otros aspectos de su obra que nos puedan dar una perspectiva
más artística, y estoy empleando la palabra “ARTE” con todas sus
connotaciones (incluidas las referidas al aburrimiento o lo pretencioso).
Quisiera subrayar que no es que repudie su lado más popular, basurilla
para entendernos, al contrario, lo reivindico pero a la luz de otras
posibles lecturas o miradas. ¿Acepta esta combinación de crítica
cultural “culta” y “popular” al mismo tiempo?
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JOHN WATERS, Toilet Training,
2000
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Estoy de acuerdo con el entrecomillado
porque nunca llamaría a lo que hago “arte”. Soy más humilde que
eso. Eso lo tienen que decidir otros..., ciertamente acepto esta
mezcla, siempre he hecho eso, quiero decir, mis principales influencias
cuando era joven eran Ingmar Bergman y las películas sobre campos
nudistas. Siempre mezclé eso, me gusta el poder del arte contemporáneo
para horrorizar a la gente. Cuando tenía unos siete años fui al
museo de Baltimore y compré un pequeño cartel de Miró. No sabía
nada sobre él pero me acuerdo que lo colgué en mi habitación y los
otros niños me decían: “Aggh! Cualquiera puede hacer eso! ¿¡Porqué
pones eso en la pared!?”, y supe entonces que el arte siempre me
interesaría, que sería un coleccionista y que estaría involucrado
con el arte contemporáneo porque es un lenguaje secreto, tiene el
poder de alienar a la gente, y creo que eso es de alguna manera
muy cómico.
- Creo que en esta combinación están algunas
de las claves para comprender su trabajo más allá de las restrictivas
coordenadas del cine underground y la cultura basura. Por ello,
me ha parecido oportuno reunir en un mismo contexto las otras “caras”
de John Waters, es decir su obra plástica, su faceta como escritor
y, cómo no, su labor cinematográfica. ¿Cree posible que sus intereses,
manías y obsesiones salgan a la luz mediante la interrelación de
textos, films y apropiaciones fotográficas?
Desde luego. Estas son las tres cosas
que más hago: hago películas lo que implica una narrativa que es
muy, muy visual, se trata de contar historias que tienen que ver
sobre todo con mi escritura. Creo que mi declaración fiscal dice
que soy escritor. No podría ser director de cine de otro modo porque
no me interesa dirigir películas que no he escrito yo. Lo divertido
es inventarlo, y con las fotografías estoy escribiendo esas pequeñas
películas yo mismo. Con suerte, si tengo éxito, las imágenes que
tomo de otras películas y que organizo de una manera completamente
diferente a la que pensó su director, pueden convertirse en mis
películas. Porque son collages, se trata de tomar imágenes y juntarlas
otra vez con una nueva narrativa que nunca fue ni siquiera imaginada
por los directores originales. (...)
(...) - Usted mismo se ha referido
a sus fotografías como “my little movies” o “the director´s cut”...
Déjame decirte que hubo otras dos exposiciones
después de esas, con dos títulos que tal vez no conozcas, son Low
Definition (Baja definición) y Straight to Video (Directo
a vídeo) lo que es una especie de insulto, como cuando
tu película fracasa de tal manera que ni siquiera la proyectan y
sólo la tienen en tiendas de vídeo. Efectivamente, estas series
remiten al cine, incluso su disposición lineal y horizontal recuerdan
los storyboards. Pero, a mi entender, el concepto se aproxima
más al contexto del arte y la fotografía a principios de los ochenta
en Nueva York, me refiero a las teorías de Douglas Crimp o Craig
Owens y a las obras de Richard Prince o Barbara Kruger. Independientemente
de un fin ideológico o chistoso, sus apropiaciones fotográficas,
persiguen en el fondo el mismo objetivo, un tipo de ecología de
la imagen en su caso frente a la saturación de imágenes provocadas
por el mundo de la información y la publicidad, proponían un reciclaje
de las mismas y una nueva lectura.
- ¿Acaso no pretende usted lo mismo
cuando señala que mediante la selección de fotogramas y su “re-dirección”
persigue la esencia de lo que una película es para usted?
Busco la esencia de una imagen que me
gustó en la película y que pueda ser mezclada con otra imagen para
convertirlas en algo completamente diferente. Richard Prince pensó
lo de “re-fotografiar” así que quería hacer casi una broma sobre
él al re-dirigir, lo que es como el fin último del cine: tomar la
película de otro y re-dirigirla de la manera en que tú crees que
se debería haber hecho. Era una sátira, es decir, me encanta Richard
Prince, fui hace poco a una exhibición suya en Nueva York y ahí
había una de las primeras piezas que hizo y que eran sólo fotografías
de anuncios de muebles sacados de revistas. Daban tanto miedo! ...
Es muy bueno, creo que es un gran artista y esa fue una idea que
realmente impactó a la gente. Quiero decir, amo la idea de que cuando
Richard Prince te hace un retrato te dice: “Bueno, enséñame tres
fotos de ti mismo que te gusten”. Y le enseñas las fotos y toma
una y ésa es tu retrato por Richard Prince. Es delicioso, es chistoso
y hace enojar a la gente, ¡eso es lo mejor del arte contemporáneo!
(...)

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