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EDITORIAL
Rosa Olivares
No sólo cine
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PETER GREENAWAY, Icarus, 1996
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La mirada del director es la clave de
la magia que el cine nos ofrece. Un sólo hombre, como el director
de una opera, como el general de un ejercito o como el director
de un circo, hace con su capacidad de creación que la magia surja
desde la nada. El director es el artista que firma una obra en la
que intervienen otros muchos artistas, actores, escritores, escenógrafos,
diseñadores, dibujantes, fotógrafos, decenas de artistas que ponen
su inteligencia y su capacidad bajo la dirección de un sólo hombre.
Como en los talleres renacentistas, en el cine un equipo más o menos
anónimo realiza una creación de grupo que firma un sólo nombre:
el del director.
Desde sus orígenes el cine ha estado
directamente influenciado por el arte de su época, desde El gabinete
del Doctor Caligari hasta La celda, desde 2001
Una Odisea del Espacio hasta Matrix, la estética
de su tiempo, una estética definida por la creación plástica, destella
en unas imágenes, en unas formas y, por supuesto, en unos contenidos
que el gran público recibe mucho más atentamente, de una manera
mucho más directa que a través de las propias obras plásticas que
generan esa estética. En este sentido el director es un hombre que
pertenece a un momento estético, a un lugar creativo arraigado en
el mundo del arte. La mirada del director se ha formado no sólo
en el cine sino, muy especialmente, en la fotografía y en la pintura.
Es desde el mundo de la creación plástica desde donde el cine, la
imagen, se renueva y crece, se multiplica y enriquece.
La relación entre fotografía y cine
es la relación entre dos lenguajes complementarios, se alimentan
mutuamente, y si muchos mantienen que el cine procede de una forma
lógica de la evolución de la fotografía, otros muchos opinan que
la fotografía se ha transformado a sí misma a partir del enfoque
cinematográfico. Lo cierto es que tanto como tema, como referente
o como lenguaje y método, el cine y la fotografía aparecen ligados
inevitablemente. Películas como La ventana indiscreta, de Hithcock,
o Blow Up, de Antonioni, introducen la fotografía como elemento
clave de sus argumentos. Curiosamente, la presencia de la fotografía
en el cine casi siempre está asociada con algún misterio, con una
investigación, cuando no directamente con la policía y con el crimen
(Naked City, L.A.Confidencial). La fotografía atrapa
el momento esencial que la mirada del hombre ha dejado pasar desapercibidamente,
pero algo hace que la atención vuelva a recaer sobre esa imagen
y esa imagen, ese momento hecho papel fotográfico, se amplía una
y otra vez hasta que podemos ver el detalle desapercibido: el cadáver
en el parque, las escamas artificiales, elementos cruciales en la
trama de la película. Esto sucede en Blow Up y en Blade
Runner películas en las que la fotografía forma parte del guión
no solamente como elemento desencadenante, sino como representación
de la memoria. En Blade Runner fotografias trucadas sirven
para crear memorias falsas en los ‘replicantes’ hasta llegar a la
duda de si nuestras propias memorias, nuestros propios recuerdos
son verdaderos o son también creaciones.
Esa es una de las dudas inherentes a
la fotografía, la duda entre la verdad y la mentira, entre lo real
y lo falso. Algo que el cine evita con su parte de dramatización
y su vocación fugaz, efímera y a veces grandilocuente. Todo lo que
vemos fotografiado tendemos a creerlo cierto, todo lo que vemos
en el cine, nos parece ficción. Tal vez porque sea la única manera
de sobrevivirlo.
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STANLEY KUBRICK, de la serie Prizefighter
Walter Cartier, 1949
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Pero el cine siempre ha estado pendiente
de la fotografía y la fotografía, especialmente los fotógrafos,
siempre han visto el cine como una prolongación de su trabajo. El
cine comercial o el cine experimental, el vídeo, son para muchos
fotógrafos una etapa de continuidad en su carrera. Algunos fotógrafos
muy reconocidos en el mundo del arte, como Larry Clark o como Robert
Frank, se han convertido en directores de cine, cada uno en estilos
muy diferentes. En otros casos, como el de Chantal Akermann, su
trabajo en el cine y en la fotografía se desarrollan paralelamente;
en otros muchos casos el cine ha sido una actividad paralela y casi
oculta, cercana a lo biográfico de muchos artistas, como el caso
de Ed van der Elsken. Finalmente, muchos de los directores de cine
actuales comenzaron como fotógrafos de moda, publicitarios, o para
revistas de actualidad: desde Agnés Varda a Russ Meyer, pasando
por Stanley Kubrick. Otros, sin embargo, tras una vida llena de
peripecias pasaron del rodaje cinematográfico a la fotografía, a
veces documental, como Leni Riefenstahl. Carlos Saura se interesó
antes por la fotografía que por el cine, mientras que Pedro Almodóvar
hace fotografías durante los rodajes… Algunos de los directores
de cine más interesantes empezaron como fotógrafos, otros han llegado
a la fotografía como un inevitable complemento a su trabajo en el
cine, a fin de cuentas se trata de trabajar detrás de una cámara.
En este número de EXIT tratamos de algunos
de los directores de cine que han considerado la fotografía como
un lenguaje diferente. Muchos de ellos no pueden separarse del cine
como tema ni como material de trabajo, como son el caso de Godard
y de Waters, por ejemplo, pero la perspectiva es ciertamente diferente
al de sus trabajos habituales. Hemos intentado establecer una relación
de reciprocidad entre el cine y la fotografía desde la perspectiva
de los directores de cine, desde sus obras fotográficas, a veces
excelentes, otras sorprendentes y otras sencillamente documentales
de cómo la mirada del director elige y busca entre todo el paisaje
un sólo fragmento. Hay que dejar claro de que no se trata solamente
de un hobby de fin de semana. Es evidente que hoy todo el mundo
hace fotos, desde los directores de cine a los artistas, los escritores
o los abogados. No se trata de una recopilación de frivolidades,
estamos hablando de artistas que, incluso al margen de su obra fotográfica,
están influyendo en la forma de mirar de varias generaciones. La
fuerza de su obra desde un punto de vista estrictamente visual es
esencial para entender el desarrollo de las artes plásticas, y,
además, han elegido la fotografía como una forma esencial, básica,
de plantear sus posturas estéticas. Muchos de estos directores son
habituales de los museos y galerías más importantes y su presencia
en ferias de arte y exposiciones se multiplica constantemente:
David Lynch, Abbas Kiarostami, Dennis Hopper, Peter Greenaway, Wim
Wenders, John Waters, Carlos Saura… son algunos de los más habituales.
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PEDRO ALMODÓVAR, Cecilia
y Penélope en Cinearte, 1999
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Hemos podido reunir obra de más de veinte
artistas, directores de cine que tienen una obra fotográfica significativa.
No ha sido una labor fácil, pues muchos de ellos, aquellos que no
mantienen lazos con el mundo del arte y su mercado, desarrollan
esta faceta de fotógrafos de una manera silenciosa. Algunos han
muerto o se han alejado del mundo del cine. Otros que deberían estar
en estas páginas han rehusado por estar preparando libros con toda
su obra o, simplemente, estaban demasiado ocupados en sus labores
cinematográficas. Algunos no han considerado oportuno mostrar su
trabajo fotográfico, pues es para ellos algo estrictamente privado.
En cualquier caso creemos que este número titulado Fuera de
escena se convierte automáticamente desde su aparición en
un lujo y en un documento de excepción para los aficionados al cine
y a la fotografía. Nunca antes se había reunido este material gráfico
en una sola publicación.
Los dos artistas centrales son Wim Wenders
y John Waters, con películas que han significado una clara evolución
en la diversidad cinematográfica actual y que realizan un trabajo
fotográfico muy diferente y que puede, de alguna manera, caracterizar
dos formas antagónicas de hacer fotografía desde la mirada del director
de cine.
Mención especial merecen los textos
que acompañan las fotografías. Se trata de textos realizados por
especialistas y que analizan a un nivel de ensayo las características
y peculiaridades de estos artistas pero, muy especialmente, los
vínculos entre la fotografía y el cine, entre la vida y la cultura,
y de un texto de Wim Wenders todavía no publicado en España y que
aparecerá en un nuevo libro suyo en Estados Unidos después del verano.
Finalmente, agradecer el conocimiento,
el apoyo y los consejos de Felipe Hernández Cava y la perseverancia
y paciencia del coordinador de este número, Seve Penelas, con su
trabajo y con la ayuda de amigos, colaboradores y de expertos de
todo el mundo (la página de agradecimientos, en esta ocasión es
casi una prolongación del equipo de redacción) hemos podido editar
esta revista, algo que en algún momento nos ha parecido improbable.

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