|
Rosa Olivares
Lo eterno y lo efímero: historias del cuerpo
“Me dijo que quería escribir la historia de su vida sobre
mi piel, empezando con su nacimiento en mis labios y con sus enamoramientos
en mis pechos. El resto de mi cuerpo lo dedicaría a nuestras vidas
juntos”.
del “Diario de Nagiko”, en The Pillow Book, de Peter Greenaway
|
|
ZHANG HUAN, 1/2 (#1), 1998
|
En The Pillow Book, la película
dirigida por Peter Greenaway en 1995, asistimos a una continua ceremonia
de devoción a la literatura y al amor. Un homenaje visual al cuerpo
y a la letra, a la caligrafía y a la magia de la narración. Usamos
nuestros cuerpos como textos, libros más o menos abiertos a la contemplación
y a la lectura de los otros. Nagiko, la protagonista de la película,
está habituada a que desde pequeña su padre escriba sobre su rostro,
sobre su cuerpo, las felicitaciones de cada uno de sus cumpleaños.
De mayor les pedirá a sus amantes que escriban sobre su cuerpo,
y ella misma buscará amantes sobre los que escribir su propia historia
para que la lea su editor. Libros que andan, personas que en su
piel tienen escrito, por todo su cuerpo, las historias de Nagiko.
Un amante escribe tan fuerte que la hace sangrar, otro la usa para
sus consignas políticas, cada uno escribiendo desde su perspectiva,
con su propia letra. “No estoy segura de lo que era más importante:
el calígrafo que era un buen amante o el amante que era un pobre
calígrafo”, dirá Nagiko en algún momento. De lo que no estamos
seguros nosotros es si es más importante el cuerpo sobre el que
se escribe, la historia que se cuenta o la pura belleza de la letra.
|
|
TEO SABANDO, La imaginación,
1993
|
Esta historia transcurre en Japón, un
lugar en el que nadie quiere parecer diferente, un lugar en el que
sin embargo, el tatuaje corporal ha alcanzado una belleza y unas
características que le han hecho destacar mundialmente. Un país
en el que la caligrafía es un arte. Los ejemplos de tatuajes japoneses
son famosos y modélicos en todo el mundo, la mayoría de las veces
personificados en la mitología de los yakuza, la peculiar
mafia japonesa. Pero lo destacable, en esta ocasión, en The Pillow
Book es que no es de tatuajes de lo que se está hablando, es
de escritura sobre el cuerpo, de utilizar el cuerpo como un libro
para que otros lean. Cuando Nagiko envía a sus amantes, con todo
el cuerpo escrito, a su editor, estos se desnudan dejando ver la
caligrafía, a veces borrosa por el sudor, y las secretarias del
editor copian estos textos antes de que desaparezcan totalmente.
Están escritos por toda la superficie de su cuerpo, en la garganta,
el pecho, las piernas, el sexo, los bordes de los ojos… Pero no
se pretende que esta escritura permanezca para siempre, no están
tatuados, están escritos. ¿Cuál es la diferencia entre el cuerpo
tatuado y el cuerpo pintado, escrito?
El cuerpo marcado, pintado, tatuado,
es solamente un cuerpo con historia. Con una historia que cuenta
para el que la quiera leer, para el que la pueda entender. Como
toda literatura cuida tanto la forma como el contenido y cuida,
también, quien lo va a leer. No es lo mismo un tatuaje oculto que
uno a la vista. Tampoco es lo mismo un cuerpo tatuado profusamente
que una pequeña flor en el hombro. No solamente se cuentan así dos
historias diferentes, sino que pasamos de la narración épica al
spot publicitario. Así, para hablar de tatuajes, de cuerpos
marcados, nos tendremos que acercar más a la literatura que a las
artes plásticas. Pues esos cuerpos son libros, la imagen que ellos
proyectan está llena de símbolos, son jeroglíficos, como la caligrafía
japonesa, bellos en sí mismos, a veces horribles, pero lo importante
es de lo que hablan. En este sentido, la pintura, las bellas artes
poco pueden hacer excepto ofrecer su propio cuerpo como referencias
simbólicas.
|
|
JANA STERBAK, Generic Man, 1987-89
|
La pintura nos presenta cuerpos marcados
en la tradición cristiana: santos con los estigmas, cicatrices sagradas,
cuerpos que sobre ellos llevan el peso de la santidad y el sacrificio.
La escarificación, la cicatriz, son formas también de tatuar el
cuerpo, su contenido está al margen de la propia marca, se prolonga
en ella de una forma eterna. Hasta la muerte. Y después de la muerte
sólo queda el arte: la pintura, la fotografía, la mezcla de las
dos, el cine. Se escribe sobre el cuerpo, se marca el cuerpo, pero
los artistas marcan, pintan también en el cuerpo pintado, en la
representación de esos cuerpos. Son marcas sin duda diferentes,
pero que contienen a veces aún mayor violencia, son, en ocasiones,
de una fuerza lírica superior. Y, sobre todo, son marcas en un cuerpo
de ficción, no en el real, por lo que se pueden repetir, variar,
seriar, es como el manuscrito y el libro en edición facsímil. (...)

|