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Adolfo Montejo
El oficio de tinieblas de Miguel Rio Branco
(Entrevista con Miguel Rio Branco)
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MIGUEL RIO BRANCO, Scar, 1979
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A pesar de no considerarse espiritualmente
localizable en ningún país, y sí en varias culturas, como la española,
la francesa, la americana y la brasileña, ya hermanadas con los
años, o quizás también por eso, Miguel Rio Branco (Las Palmas de
Gran Canaria, 1946) es uno de los fotógrafos brasileños más internacionales.
Cualquier acercamiento a su poética
fotográfica pasa por una “trinidad” estética omnipresente que lleva
de los colores a las texturas y de las texturas al misterio, como
lleva de la morfología del realismo desconstruido a la semántica
de íconos poéticos. De hecho, las imágenes de Miguel Rio Branco
están dentro de un realismo que a veces pierde su principio de realidad
pero nunca de deseo. La desconstrucción es posible por la naturaleza
cambiante de la realidad -que nunca es fija y sí camaleónica- y
por la mirada a-documental del fotógrafo que la transforma en símbolos.
Así el tema no es nunca asunto, sino concepto, y sobre todo, nunca
es predeterminado o intransformable.
“Entre lo real y lo irreal, lo físico
y lo metafísico, lo sagrado y lo profano, el cuerpo y el fragmento,
el hombre y la bestia”, son estados fronterizos, registrados por
las palabras de Ligia Canongia, que llevan a deslimitar el campo
de operaciones fotográficas de Miguel Rio Branco, donde cada imagen
sobrepasa el ámbito de su argumento.
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MIGUEL RIO BRANCO, Soaninha, 1979
+ Scar 5, 1979
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Dueño de una cuidada bibliografía de
autor, los libros “Dulce Sudor Amargo”, “Nakta”, “Miguel Rio Branco”,
“Silent book” y “Pele do tempo” respiran la poética del color dialogando
con la capacidad de su imagética: !cuántas fotografías conversan
a través de sus colores!. Las necesidades expresivas siempre fueron
el leitmotiv de los cambios de percepción que vive produciendo
su fotografía en el horizonte de las artes plásticas. Desde hace
varias décadas, la edición de sus imágenes vienen contando con materiales
y soportes diversos, equipamiento electrónico, sonido, tendiendo
cada vez más hacia una fotografía plural, abierta a los 4 puntos
cardinales, a la utopía de que las imágenes no sólo se relacionen
intrínsecamente con otras artes como el cine o la pintura, sino
con la poesía y la música. La asociación imagen a imagen –casi cine–
característica del fotógrafo cada vez más se orienta hacia un encadenamiento
visual que lleva a una fotografía musical, prácticamente a composiciones,
donde el collage, el montaje y la música son las tres voces
cantantes.
En la entrevista realizada en el estudio
de Santa Teresa, en Río de Janeiro, durante una larga y calurosa
tarde de enero de 2001, el fotógrafo amante de un arte que importe,
lejos de cierto mundo light contemporáneo, confesó las cicatrices
de otros tatuajes, su sintonía con el barroco y el jazz, y la presencia
de esas fuerzas atávicas que son eros y thanatos en su arqueología
de lo existente.
Después de escrutar los caminos de las
sombras, Miguel Rio Branco quiere escudriñar el lado dramático de
la luz. El oficio de tinieblas de su fotografía continúa. Tal vez
por eso no tenga ninguna fotografía inocente.
- Observando tu obra en conjunto, a través de
“Dulce sudor amargo”, “Coração espelho da carne” y el último trabajo
“Pele do tempo”, ella parece una cartografía corporal.
Mi trabajo tiene mucha conexión con
la piel, porque ella es la superficie que nos conecta con este mundo,
tanto en el placer como en el dolor. Ella es un diálogo entre exterior
e interior, una separación y al mismo tiempo una conexión. (...)

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