|
Gonzalo García Pino
Mirada frontal. Mirada de púgil
(Entrevista con Alberto García-Alix)
|


|
|
ALBERTO GARCÍA-ALIX, Isa
es así..., 1999
|
Cada combate de boxeo es una historia.
Un drama sin palabras. Las fotografías de Alberto García-Alix también
son historias condensadas; narraciones mudas pero elocuentes: imágenes
impregnadas de un lirismo desnudo de artificios. Poesía directa
que surge fulgurante como el estallido de un látigo, y siempre encuentra
un lugar en el encuadre donde instalarse: una mano, la punta de
un zapato, una mirada, una herida, un gato negro que huye… Poesía,
sí, pero también épica. Luchador vocacional, cuando García-Alix
concluye uno de sus gozosos combates con las imágenes, sólo queda
un vencedor sobre la lona: su mirada. Una mirada frontal. Una mirada
de púgil. (...)
Desde que en diciembre de 1981 realizara
su primera exposición individual en la Galería Buades, la carrera
de Alberto García-Alix alcanza un punto culminante en 1998, con
la antológica muestra retrospectiva de su obra exhibida en Madrid,
en el Círculo de Bellas Artes. Después de sumergirse en un universo
de cerca de 95.000 negativos, los comisarios de esta magna exposición,
Mireia Sentís y José Luis Gallero, seleccionaron 150 piezas. La
sola mención de estas cifras nos da una idea precisa de la laboriosa
tarea artística desarrollada por el fotógrafo a lo largo de sus
veinte años de carrera. Una tarea reconocida el pasado año 2000
con el Premio Nacional de España de Fotografía. (...)
- Hay una característica que destaca
en tus fotografías y es la sensación de naturalidad que transmiten…
Mas que buscar la naturalidad, lo que
persigo con mis fotos es encontrar eso que yo llamo “la virtud”.
Para lograrlo siempre busco la cara del retratado, que sus ojos
se fijen en un punto que será el que luego corresponda a la mirada
del espectador, para que el espectador también sea observado por
la imagen. Ese es el misterio de la fotografía para mí, su virtud:
es decir, que la imagen observe al espectador.
- Siguiendo ese razonamiento ¿sería
entonces la mirada del espectador la que acaba por otorgarle el
sentido a la fotografía que está viendo?
Que la fotografía no tenga alma en sí
misma no es del todo cierto. Evidentemente el espectador aporta
un sentido de acuerdo con las pautas o modelos culturales que le
haya tocado vivir. Un hombre de 1700 vería un cuadro de Velázquez
con ojos distintos a como lo veo yo hoy. Pero, en cualquier caso,
hay un momento en que una foto (hablamos de una foto de cierta calidad)
respira ella sola, independientemente de la interpretación que le
de el que la mira.
- ¿Existe algún momento peculiar
en tu vida que marque el comienzo de tu fascinación por la fotografía?
Siempre hay un momento en el que uno
empieza a sentirse atrapado por lo que hace, por lo que le gusta.
Normalmente se dice que un buen maestro es aquel que es capaz de
hacernos amar aquello que nos está enseñando. En mi caso, al ser
autodidacta, la fascinación empezó en el laboratorio, en esos instantes
mágicos del revelado cuando comienza a surgir sobre el papel la
imagen de algo que yo ya había visto previamente. Más tarde, a partir
de ese interés inicial, se produjeron dos acontecimientos determinantes
en mi vida como fotógrafo: las dos exposiciones que vi en Madrid
en el año 81. Una fue la exposición de August Sander en el Instituto
Alemán, y ante la obra de este fotógrafo tuve la certeza de algo…
¿De qué tuve certeza…? Verbalizar eso es difícil, pero, generalizando
mucho, puedo decirte que allí comprendí el poder de la fotografía.
Aquellas fotos de Sander de los vagabundos, de los empresarios alemanes,
viendo las caras de esos hombres, entendí la sociedad alemana de
la época, y tuve la certeza en ese momento del poder de una mirada
intencionada, y de que la fotografía también participaba de lo que
entendemos comúnmente como obra de arte. (...)

|