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Francisco Reyes
Palma
Fetiches de infamia. Fetiches de luz
(Entrevista con Milagros de la Torre)
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MILAGROS DE LA TORRE, Los pasos
perdidos, Balas, Municiones confiscadas, 1996
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- Quisiera centrar
este diálogo en algunas de las tensiones que atraviesan tu trabajo.
La primera se refiere al tratamiento retratístico de cierto tipo
de objetos asociados con el universo de la infamia, sustitutos inanimados
de cuerpos específicos cuyas trazas recogen tus fotografías. Me
refiero a la serie Los pasos perdidos de 1996, titulada así por
la zona de traspiés humanos, de evidencias incriminatorias contenidas
en el archivo de cuerpos del delito del Palacio de Justicia limeño.
Háblanos de la fuerte carga indicativa derivada de esos objetos
fetiche, en su acepción de cuerpos ficticios dotados de cierto aura
de poder.
En sentido literal,
el objeto es testigo presencial de una acción, es como una extensión
completa de la persona en sí; mientras que la fotografía es una
extensión de luz del objeto. El objeto es la traza o la huella de
una personalidad que se mantiene aunque la persona ya no exista,
nos permite mirar cómo vivía; nos da una vía de acceso a su mundo
privado. El objeto visto en términos analíticos es importante porque
nos lleva a alguien concreto, a sus sentimientos; aún más, nos conduce
al drama que dividió la vida de un individuo en un antes y un después.
- Pareciera que
tu obra cumple un papel de orden testimonial, aunque más bien reabre
expedientes y juicios bajo la mirada del arte, especie de ‘contranaturalismo’
que no sólo se aleja del documento sino que reduce la imagen-testimonio
al papel de naturaleza muerta o, para ser más exacto, de naturaleza
viviente.
Utilicé el principio
de la naturaleza muerta, por ejemplo, en las prendas femeninas de
la pequeña serie realizada en el intervalo de un viaje entre Cuzco
y Lima, Sin título, de 1992, donde apliqué la misma técnica
de Bajo el sol negro: colocar el papel fotográfico en la
cámara de gran formato con la idea de hacer del negativo una imagen
‘no resuelta’, de modo que la interpretación quedara a cargo
del espectador. También, como en las naturalezas muertas de la pintura
clásica, en el tríptico de 1996, titulado Últimas cosas,
realicé un proceso de exposición bastante cuidado para dar contraste
entre los fondos oscuros del objeto y, a la vez, obtener detalle
en los negros. Juego de claroscuros. Impreso en gran formato sobre
papel de fibra blanco y negro, al que luego apliqué una capa de
cera transparente, para hacer la imagen más pictorialista.
- Hasta en Blindados,
la más reciente de tus series fotográficas y aún en proceso, persigues
el gesto del modelo, intentas obtener un retrato, sin importar que
se trate de seres acorazados de gran volumen.
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MILAGROS DE LA TORRE, Punzocortante,
2000
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Son fotografías con
cámara de gran formato de las camionetas blindadas o de transportes
de valores, y mi intención es dar una idea de cuáles son los valores
‘resguardados’ en el siglo XX; es decir a qué le conferimos
tanto valor, qué protegemos frente a todos y cómo. Busco clasificar
los blindados por las distintas características de sus modelos y
sus aptitudes, pero falta obtener de la burocracia empresarial,
los permisos para seguir fotografiándolos. Posiblemente las imágenes
de estas construcciones inaccesibles estarán impresas en formato
muy pequeño para buscar el acercamiento físico con el espectador,
proximidad que no se logra en condiciones normales, y mucho menos
en la calle.
- Ultimas cosas
es un tríptico derivado del ámbito del control de la locura: una
pelota de relajamiento y unas escudillas quirúrgicas oxidadas, las
cuales flanquean a una camisa de fuerza, objetos todos provenientes
de los Archivos del Hospital de Salud Mental de la capital peruana.
Aquí, los fetiches de la infamia parecen inscribirse en un esquema
de sacralidad, no sabría si el devocional de los museos, o la mera
reminiscencia religiosa de una crucifixión.
En realidad me formé
en una familia católica muy liberal, pero no creo que tenga mucho
que ver, salvo por la calidad de icono que presentan. En la época
que realicé esa serie disponía apenas de seis meses para permanecer
en Lima, los temas estaban ahí latentes y tenía que resolverlos
con rapidez. El lugar donde trabajé en el hospital de enfermos mentales
era muy estrecho y lleno de reliquias, una frazada muy oscura me
sirvió de fondo. Fue una época muy fructífera, en que realicé diferentes
series, sabía que determinada táctica serviría para tal tema y aquella
para otro; de modo que mis formatos son más bien tácticas visuales.
- Tu obra actúa
como conexión de tiempos disímiles, crea una especie de intemporalidad
al suscitar una nueva memoria de luz para los seres incriminados,
archivos donde las imágenes son ordenadas por ti bajo criterios
de plasticidad, modo de escapar al expediente cerrado del objeto
al que se niega cualquier calidad de belleza o de trascendencia
humana. Al serializar la imagen, remarcas cuerpos inéditos, autónomos.
Quisiera que comentes sobre esa tensión que enfrentan las nociones
de serie y de archivo, y su relación con dos órdenes obsesivos contrapuestos,
el de la organización punitiva y el de lo artístico.
Es difícil hablar
con fotografías, en especial si tienes algo muy puntual que decir;
me es difícil abordar un tema con sólo una imagen, aunque no dudo
que otros lo puedan hacer. La manera como analizo un concepto, como
propongo ideas sobre éste, es sugerir, acercándome más a una interpretación
por medio de una estructura / secuencia serial. En cuanto a mi interés
por el archivo, me atraen mucho sus propiedades de catalogación
y clasificación, y la libre interpretación que puede tenerse de
la información contenida en una misma fuente. Quizás eso sea lo
más interesante. También está la noción de historia, no vista de
manera global ni oficial, sino como historias individuales, pues
son éstas, al fin, las que nos dicen más acerca del ser humano.
(...)

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