Olivier Debroise
¿Quién es el culpable? La fotografía como prueba y revelación
(...)
4. La imagen poderosa
|
|
MILAGROS DE LA TORRE, Los pasos
perdidos, Camisa de periodista asesinado, 1996
|
Escarbando entre los expedientes apilados
en los sótanos de la Corte de Justicia de Lima, Milagros de la Torre
no encontró matrículas fotográficas, o quizás no le interesaron
por su mérito propio, como registro de individuos con historiales,
como los que cautivaron, en la misma época, a la artista brasileña
Rosangela Rennó. Sí halló objetos “marcados”, pruebas encontradas
durante las pesquisas policíacas y utilizadas en el proceso de varios
criminales, y a su vez los fotografió, muy cuidadosamente, en blanco
y negro, en el lugar mismo del hallazgo, transformado para la ocasión
en estudio fotográfico. Desechó, en esta ocasión, el expediente
criminal, y sólo conservó, de este contexto, el título que es a
la vez extensa descripción del objeto y el motivo de la fotografía:
Cinturones que utilizo el sicólogo Mario Poggi para estrangular
a un violador durante el interrogatorio policial, Camisa
de periodista asesinado en la masacre de Ucchuracay, Ayacucho
o, aún más elocuente en su simplicidad, Pistola. Prueba incriminatoria
de asesinato. El objeto motivo de la imagen, sin embargo, indica
un destino (el de la víctima), pero no dilucida cual fue el motivo
del crimen (o del victimario).
En esta serie de imágenes titulada Los
pasos perdidos (¿en discreto homenaje al fundador de una “teoría
de los objetos significantes”, André Breton, o a uno de los primeros
creadores de una literatura poscolonial, Alejo Carpentier?), Milagros
de la Torre explora los límites del contexto, los poderes de la
ambigüedad y la polisemia intrínseca a toda imagen, pero que la
fotografía por obra y razón de su pretensión objetiva, revela mucho
más que otros medios visuales.
Milagros de la Torre fotografía a estos
objetos de manera muy pulcra, impecable en su clasicismo fotográfico
hasta cierto punto decimonónico: centrados en la imagen, apenas
dispuestos para ser precisamente vistos. Están iluminados como los
instrumentos del crimen de los naipes de ¿Quién es el culpable?,
bañados en un aura grisácea que se difumina en los bordes, emergiendo
de las tinieblas de la memoria, para reactivar una narrativa, sugerirla
más que develarla. Recrea a su modo, utilizando reglas muy bien
establecidas, el espacio ficcional del expediente policíaco o de
la novela de misterio. En ese sentido, las imágenes están imbuidas
de equívocos: como constructora de historias sin final aparente,
Milagros de la Torre nos enseña la verdadera naturaleza de los objetos,
pero deja implícito que las historias —el motivo, tanto del crimen,
como de la fotografía—, sólo pertenece al espectador.
El poder de la imagen reside en esta
ambigüedad forzada, obligada. En los entredichos, en el no dicho.
La Carta de amor escrita por prostituta a su amante, que
forma parte de la serie Los pasos perdidos, es quizás el
documento clave para esta comprensión de las intenciones de Milagros
de la Torre, porque el texto de la carta, por naturaleza ilegible,
si bien es la prueba de una historia finita, resumen de una vida,
no nos dice nada. Nos queda apenas el tiempo de pensar en el cadáver
revelado de la mujer que yace, fría, inmóvil, ausente, en el escenario
de su crimen. Estos vacíos de la narrativa, que Milagros de la Torre
explora aún más a fondo en su reciente serie de grandes fotografías
de páginas “olvidadas” (o borradas, tachadas) de los libros de censos
poblacionales de San Marino (serie en blanco), por su esencia
enigmática, se vuelven imágenes poderosas porque la carencia de
sentido, aquí fotografiada, se convierte en revelación. (...)

|