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Catherine de Smet
Valérie en el País de las Maravillas
(Entrevista con Valérie Belin)
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VALERIE BELIN, S/t, 1997 (foto
del salón con objetos y espejos)
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Entre los nombres
de los nuevos valores del arte francés está el de esta joven mujer
que ha hecho de la fotografía un método de investigación de formas
y estilos de vidas, una manera de acercarse a personas y lugares,
a ideas y conceptos que tal vez no habrían encontrado el mismo tratamiento
visual con otras técnicas. Curiosa por naturaleza, Valérie Belin
se plantea el color desde el blanco y negro, el vídeo desde la inmovilidad
de la fotografía, la profundidad desde el plano fijo de la mirada
fotográfica. Su trabajo, siempre relizado en series, se ha basado
en -desde la superficie- atravesar esas formas, esas pieles brillantes
casi siempre, para llegar a otro sitio como la Alicia del País de
las Maravillas.
- Dentro de unas
semanas viajarás a Marruecos para realizar la serie en la que trabajas
desde hace varios meses, las Bodas. ¿Por qué Marruecos?
Al principio, la
idea de las bodas nació de mi afición por las ceremonias. Cuando
sólo fotografiaba objetos yo misma organizaba una especie de ceremonia
para colocarlos en las condiciones que deseaba para fotografiarlos.
Ahora, me gusta el ejercicio consistente en adaptarse a una situación
ritualizada de la que yo no controlo el desarrollo. Al principio,
me interesé por todas las bodas, en todo tipo de ambientes, pero
luego me di cuenta de que las bodas de extranjeros en Francia conllevaban
muchos más elementos ceremoniales, en especial las bodas marroquíes.
La novia marroquí cambia varias veces de vestido, lleva entre siete
y doce ropas diferentes a lo largo de la fiesta. Las bodas tradicionales
son organizadas por unas casamenteras, las 'negafas'. Los
vestidos de boda les pertenecen, los prestan o los alquilan a la
familia para la ocasión. Evidentemente, cuanto más tradicional es
la boda, más me llama la atención. Las familias marroquíes que viven
en Francia y que siguen estando muy apegadas a su cultura prefieren
celebrar la ceremonia en Marruecos y, por lo general, esperan el
verano para hacerlo. Así pues, voy a pasar tres semanas en Rabat
en agosto, acogida en su casa por una 'negafa'. De ese modo,
guiada por ella, cada día podré asistir a una boda diferente. Podré
entonces descubrir otras fiestas como los bautizos o la ceremonia
del séptimo mes para las mujeres embarazadas.
- ¿Acaso te estás
convirtiendo en una especie de reportera?
Ya me enfrenté a
ese tipo de situación con la serie anterior, los Culturistas,
donde tuve que meterme en un medio desconocido para poder realizar
las fotografías que quería hacer. Empecé poniendo unos anuncios
en una revista especializada. Finalmente, fui a los lugares de competición
donde se exhiben los culturistas. Viví encuentros increíbles. Y
me doy cuenta de que, en adelante, es algo que forma parte del trabajo.
Me gusta ir hacia lo desconocido, entrar en un mundo que he de hacer
mío, me siento un poco como Alicia en el país de las maravillas.
En otro estilo, la serie sobre las carnes también requirió sumergirme
en un mundo muy especial, el mercado parisino de Rungis, para acceder
a las cámaras frigoríficas donde estaban almacenados los trozos
de carne de vaca que quería fotografiar. Y negociar con los carniceros
de Rungis no es cosa fácil.
- Ahora, con estas
últimas series, hay un componente de testimonio antropológico en
tu trabajo. ¿Qué opinas de esta evolución a todas luces bastante
sorprendente, ya que empezaste fotografiando objetos inertes, bodegones:
cristalerías, espejos, flores, vestidos, coches...?
Creo que hay dos
razones para ello. En primer lugar una razón personal, que forma
parte de la evolución personal, que, efectivamente, me ha conducido
de lo inerte a lo viviente: la serie de los Culturistas pone
de manifiesto una presencia explícita del cuerpo que con anterioridad
sólo había sido sugerida, de forma metafórica. La segunda razón
se debe a la evolución del oficio. Considero que el reportaje fotográfico
y la fotografía de prensa tienden a desaparecer. Se encargan cada
vez menos reportajes. Para ilustrar un estudio cualquiera o un artículo,
recurren preferentemente a los catálogos de los bancos de imágenes,
libres de derechos. Así, el fotógrafo autor, hoy, es el artista
que se adentra en territorios que anteriormente se identificaban
con el periodismo, en la actualidad más o menos abandonados. (...)

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