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Rosa Olivares
El fotógrafo al que le gustaba escribir historias
(Entrevista con Duane Michals)
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DUANE MICHALS, A Story About a
Story, 1995
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- Siempre se dice que la fotografía muestra
un momento concreto, el momento decisivo, que una imagen vale más
que mil palabras... Sin embargo, sus fotografías son, muy frecuentemente,
series de imágenes, a veces con textos, explicaciones, historias
alrededor, como si una imagen sola no fuese suficiente, ¿no cree
en la autonomía de la imagen?
Creo que distintas ideas requieren distintas
soluciones. Llegué a las secuencias fotográficas porque soy narrativo,
soy un narrador y cuento una historia, de modo que el ‘momento
decisivo’ no funciona para mi todo el tiempo. Necesito un antes
y un después para expandir el concepto, y así tiendo a resolver,
a tomar fotografías, de forma que me ayuden a explicar mi idea particular.
A veces una fotografía vale más que mil palabras, pero casi siempre
esas mil palabras son mentira. Una sola fotografía falla para mí
¿sabes? Porque no creo en las apariencias así que tengo que completar
lo que estoy explicando con texto porque muchas veces estoy hablando
de mí. Como en la foto de mi padre, mi madre y mi hermano que te
he mostrado (A letter from my Father – Una carta de mi padre
– 1975), el texto que acompaña esa imagen habla de mi relación con
mi padre, algo que nunca verás en la fotografía, así que comencé
a escribir. Cuando la fotografía falla comienzo a escribir sobre
lo que no puedes ver en ella.
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DUANE MICHALS, The Heisenberg
Magic Mirror of Uncertainty, 1998
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- En su trabajo hay referencias de todo tipo,
desde el Renacimiento, los surrealistas y una clara tendencia a
la narración, con aspectos que se pueden relacionar con la invención
del cine o de los dibujos animados (secuencias consecutivas que
varían muy poco en cada imagen) ¿Se considera un fotógrafo pictorialista,
clásico, o directamente un narrador, algo más cercano a un guionista
o director de cine?
Considero a la mayoría de los fotógrafos
como reporteros gráficos. Caminan por las calles con una cámara
y fotografían lo que se encuentran, pero eso que encuentran no lo
han inventado ellos. Estuviese allí Cartier Bresson o no, esas gentes
hubieran estado almorzando a la orilla del Sena. Resultó que Cartier
Bresson tomó la fotografía, ellos eran un hecho histórico y él registró
ese hecho de una manera muy elegante. En mi situación, lo que yo
fotografío sale totalmente de mi imaginación, como en The Spirit
Leaves the Body –El espíritu abandona el cuerpo-. Yo
no iba caminando y de pronto me encontré con un hombre que abandonaba
su cuerpo. Yo creo que eso que yo he representado fotográficamente
es lo que realmente sucede cuando mueres, así que tuve que inventar
la situación. En ese sentido estoy mucho más cerca de un novelista.
Esto no significa que no debe haber reporteros, simplemente creo
que tendría que haber más novelistas.
- Pero también hace trabajos para
revistas...
Así es. He hecho de todo en fotografía,
absolutamente de todo. Antes vivía como fotógrafo comercial, pero
nunca he sido una empresa, nunca tuve un estudio, ni un staff, hago
todo yo mismo. No quería ser Richard Avedon, no quería tener veinte
empleados, me veo a mí mismo como una pequeña empresa... pero hacer
esos trabajos me ha permitido el lujo de poder hacer lo que yo quiera,
así que trabajar con encargos me ha dado la libertad para llevar
a cabo mi propio trabajo creativo. También soy un fotógrafo completo:
hay fotógrafos que hacen trabajos comerciales y tienen mucho éxito
pero nunca hicieron una exposición en un museo, otros han hecho
exposiciones pero nunca han trabajado para una revista, nunca han
hecho un trabajo comercial, así que yo soy uno de los pocos que
siempre han hecho trabajos comerciales y que han continuado haciendo
sus trabajos privados. (...)

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