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Paul Jay
El espejo o juventud en conserva
Fragmentos del libro Les conserves de Nicephore.
Société des Amis du Musée Nicephore Nièpce,
Chalon sur Saône, Francia, 1992.
Blancanieves
Los espejos son puertas
a través de las que la muerte va y viene. (Jean Cocteau)
Interrogar al espejo es
dejarse ir en el vértigo de una exploración de uno mismo que no
tendría fin. (Gille Perriot)
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THURSTON THOMPSOM, Venetian Mirror,
1853
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La primera cosa sorprendente en este
cuento de Grimm es el espejo de la madrastra. He aquí un espejo
que no puede mentir: esto es banal y válido para todos los espejos,
lo que es más sorprendente es que tenemos ya ahí, antes del daguerrotipo,
'un espejo que recuerda' (la belleza de Blancanieves).
Todo el problema de la madrastra viene derivado
de que el espejo no puede fijar ni su juventud ni su belleza: al
hilo del tiempo le dice que envejece y que otras, como Blancanieves,
son más jóvenes y más bellas. Y es eso lo que no puede soportar.
La decoración en blanco y negro está
bien planteada:
1.- Es el invierno y nieva: “Los
copos descendían del cielo como plumas y lanilla”. He ahí el
'blanco'.
2.- “Una reina se encuentra sentada
y cose delante de una ventana enmarcada en madera de ébano negra
y profunda”. He ahí el 'negro'... y el autor insiste:
se trata del negro 'profundo' de la madera de ébano. Y aún
más, este negro sirve de marco a la ventana. Así la ventana es ya
espejo. Ella contiene el cuadro precioso, las variaciones de blanco
y negro, etc., y como el espejo es umbral y –Platón lo ha dicho
ya- pasaje entre dos mundos.
3.- También hay 'sangre'. La
reina en efecto se pincha y tres gotas de sangre caen sobre la nieve...
la muerte se esconde ahí en alguna parte.
Todo esto provoca el deseo de desdoblamiento.
Y el desdoblamiento puede ser signo de desaparición: el reflejo
en el agua se borra (Narciso). Es también y al contrario, como en
la Biblia, signo de eternidad. El desdoblamiento es entonces aquel
del alumbramiento: “Verás a los hijos de tus hijos”, “Oh!
Si yo pudiera tener una hija tan blanca como la nieve, de labios
tan carmín como la sangre y de cabellos tan negros como el ébano
de esta ventana!”.
Así, esta hija ha sido compuesta como
un cuadro (no nos atrevemos aún a decir: como una fotografía) a
partir de materiales y colores situados dentro de un marco: la nieve,
el ébano y la sangre; el negro, el blanco y el rojo. (...)

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