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EDITORIAL
Yo seré tu espejo
Rosa Olivares
Hay un tiempo importante desde nuestro nacimiento y la primera
mirada que hacemos sobre nosotros mismos. Es un tiempo formativo
y deformativo. Es todo ese tiempo en el que nos impregnamos de traumas
infantiles, sexuales, que nos acompañarán ya siempre,
aunque no lo queramos saber.
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PATTY CHANG, Fuente, 1999
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Nos miramos fragmentadamente desde que nacemos: las manos, los
pies, incluso nos los chupamos. Cuando descubrimos quiénes
somos físicamente, de una sola y larga mirada, ya hemos conformado
una idea de belleza, hemos creado toda una serie de estereotipos
que tienen mucho que ver con los otros, en especial con nuestros
padres. Pero, aunque no sepamos que aspecto exterior tenemos, ya
hemos creado un concepto de nosotros mismos, somos el yo alrededor
del cual gira el universo.
Cuando finalmente nos vemos, allí enfrente de nosotros mismos,
aparece alguien que no reconoceríamos en otras circunstancias.
La teoría del otro, los problemas de identidad, toda suerte
de complejos, crecen alrededor de esa persona que nos mira sorprendida
desde un espejo. Poco tiempo después de ese encuentro, ya
es habitual el cruce de miradas con nosotros mismos al pasar frente
a un escaparate, un espejo, una superficie que nos refleja, como
si nos encontráramos con alguien que es más que nuestro
amigo.
En la literatura, el espejo tiene un papel entre mágico
y perverso. A él le preguntamos si hay alguien más
hermoso que nosotros mismos, como la madrastra de Blancanieves,
aunque en nuestro caso, por suerte, no contesta. Alicia lo traspasó
comenzando un viaje mágico para el que no le hizo falta ni
billete ni equipaje, ni siquiera unos ácidos lisérgicos.
Y es que a veces la imaginación es más fuerte que
cualquier otra droga. El arte se convertiría en ese espejo
maravilloso que a lo largo de los siglos nos devolvería una
imagen a veces maravillosa, a veces distorsionada. El arte, como
en el caso del retrato de Dorian Gray, sería el espejo y
el espejismo en el que el tiempo transcurriría y nos llevaría
a la vejez, mientras que nosotros permaneceremos siempre jóvenes
y hermosos. Y dentro del arte, el retrato y el autorretrato fomentarían
la idea especular de la imagen. Pero, naturalmente, sería
la fotografía la que acabaría con cualquier duda al
respecto.
El deseo, no sólo de ser los más bellos del mundo,
sino de ser mirados, la obsesión por esa devolución
de las miradas, la búsqueda de un muro en el que encontrarnos,
es en la fotografía, en el vídeo, en el cine, donde
alcanza una mayor energía creadora. No en vano estos nuevos
lenguajes se forman como estructuras que van desde la idea de ventana
(un vínculo inexpugnable con la pintura) que puede ser inherente
a la pantalla de cine, de televisión, hasta el medio especular
por excelencia: la fotografía.
En las páginas siguientes de esta revista que todavía
no ha nacido, que lo hará el próximo siglo 21, se
pueden encontrar imágenes que desde el origen de la fotografía
hasta el uso actual del vídeo, el cine y las nuevas tecnologías,
nos vuelven a plantear esa eterna pregunta que todos hacemos frente
al espejo: ¿quiénes somos nosotros? Y estos espejos
no solamente nos devuelven nuestras propias miradas, sino que las
ensanchan y alargan, física y conceptualmente. Prolongan
la idea de esa devolución de nuestra propia imagen, fragmentando
el contenido psicológico, literario, artístico. Son
muchos los artistas que forman este número 0 de Exit, y podrían
haber sido muchos más pero no hemos querido ser un catálogo
exhaustivo de posibilidades, sino simplemente un espejo en el que
todos ustedes se pudieran mirar. Y reconocerse. Reconocerse en algunas
de las imágenes, de los textos, de las frases, de las intenciones
de todos o de alguno de los que hemos hecho posible esta nueva publicación,
que puede ser tan vieja como la historia del arte, tan nueva como
la primera mirada de un niño enfrentado a un espejo. Tan
diferente como cada una de las veces que nos vemos, que nos miramos,
que nos reconocemos, que nos fotografiamos.
"I'll be your mirror" nos ofrece Lou Reed en una canción
ya legendaria y Urs Lüthi, en un autorretrato de los años
70, se ofrece también como voluntario para ser nuestro espejo.
Y, no sé por qué, este ofrecimiento se nos presenta
como una oferta de amor, de amistad, de apoyo más allá
del tiempo y del lugar: él, ellos, estarán allí,
frente a nosotros cuando los necesitemos. A través de la
música, de la poesía, ellos serán nuestro espejo
para decirnos que les resulta difícil creer que desconozcamos
toda nuestra belleza; ellos serán nuestros ojos en el azogue
de un espejo de vinilo o de papel. Nos reflejarán más
allá de las formas de nuestro cuerpo, de los rasgos de nuestros
rostros, nos reflejarán en nuestras ideas, en nuestros sueños,
en las formas del arte, en las mil formas de la imaginación
y de la creación. Ellos nos ayudaran a recomponer nuestras
memorias.
Exit quiere ser también su espejo. Un espejo en el que buscar
y encontrar una mirada directa, una sonrisa cómplice. Exit
puede parecer una nueva publicación, de hecho no existe en
estos momentos ninguna revista con nuestras características
(ni externas ni internas) en el mercado mundial, pero tal vez sea
solamente un espejo al que se le ha cambiado el marco y se ha situado
en otro lugar. En nuestras páginas se recogen cientos de
miradas que no son todas nuevas pero que pueden parecer la primera.
Pueden ser las primeras para muchos, las verdaderas para otros.
Son miradas que se reflejan y se multiplican sobre el papel de nuestra
revista, que se fragmentan en cada lector como en esas escenas que
el cine ha inmortalizado, como en la Dama de Shangai, de Orson Welles,
como en los cuentos de terror y misterio de Ray Bradbury. Como tantas
veces hemos vivido en las ferias de atracciones, enfrentándonos
a espejos que nos cambian, nos alargan y nos encogen, distorsionan
nuestros cuerpos en un efecto aparentemente impensable de un espejo.
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PIERRE ET GILLES, Casanova
-Enzo-, 1995
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Un espejo es siempre una superficie misteriosa de la que no sabemos
que puede venir hacia nosotros, si el reconocimiento de nuestra
belleza, de nosotros mismos, el terror de otra mirada ajena a la
nuestra, el negro de un pozo que nos arrastra a otro lugar. Sobre
la distorsión, la magia, el misterio, sobre nosotros mismos,
sobre nuestra curiosidad y nuestro egoísmo hablan todas estas
imágenes que empiezan donde acaban estas líneas. Y
dos aspectos radicalmente diferentes centran este primer número:
por una parte un artista ya clásico como es Duane Michals
y su eterno retorno sobre el paso del tiempo, la identidad, el misterio
de las cosas y su relación con nosotros, la distorsión
de la imagen y la sorpresa, el juego y la ironía. El dialogo
se establece con Valérie Belin, una joven y desconocida artista
francesa, la que opone a la multiplicidad de imágenes de
Michals la idea del espejo como mundo en sí mismo, como fragilidad
y reflexión inacabable. Y el coro está formado por
decenas de hombres y mujeres que alguna vez se han asomado a un
espejo con una cámara en la mano, buscándose a ellos
mismos o buscando otras personas, otros lugares. Ahora nosotros,
con nuestras miradas y con las palabras que en textos y entrevistas
acompañan a estas imágenes, continuamos la búsqueda
y prolongamos el encuentro.
Un espejo roto trae siete años de mala suerte. No sabemos
los años de suerte que puede traernos empezar la vida de
una revista recomponiendo fragmentos de espejos que giran, como
satélites de una galaxia desconocida, a nuestro alrededor
desde hace años. No muchos años, tal vez la imagen
más antigua que habita en nuestras páginas sea el
"Espejo Veneciano" de Thurston Thompson, de 1853, una
excepción en una revista que surge con un siglo nuevo, el
siglo 21. Las últimas décadas son las que más
se reflejan en nuestras páginas, espejos de papel en los
que se miran decenas de artistas de todo el mundo, de todas las
nacionalidades, de todas las edades. Algunos muy conocidos, representantes
de estilos y modas, otros prácticamente desconocidos; no
importa. Exit no es una revista de moda, no es tampoco una revista
exclusivamente de arte, de fotografía. No es, desde luego,
una revista centrada en la actualidad de un momento efímero,
como son todos los momentos. Exit es una revista para leer y para
mirar, para reflexionar y para disfrutar. Para guardar y recuperar
en cualquier momento. Decía que tal vez no fuera una revista
tan nueva, a pesar de que todavía no ha nacido, porque con
Exit pretendemos volver a hacer una publicación para el disfrute
y el placer no sólo del que la lea sino también de
los que la hacemos. En Exit se encuentran las nuevas tecnologías
y los avances de la comunicación con el placer y la tranquilidad
de un diseño devoto de las artes gráficas. Una revista
es para leer, y una revista que se dedica a la cultura y a la imagen
es también para mirar. Pero no olvidemos que es también,
una elección cultural, una postura ante la vida y ante los
temas que nos preocupan o que nos divierten, que nos gustan o que
nos disgustan. Así, cada tres meses encontraremos en Exit
textos e imágenes para compartir y para pensar, para mirar
y para entender un momento nuevo, un siglo nuevo a través
de la obra y del pensamiento de hombres y mujeres de todo el mundo
y de muy diferentes especialidades. Todo ello con el denominador
común de la imagen más actual del arte: la fotografía,
el vídeo, el cine de creación, Internet y todo lo
que se va añadiendo a las ya múltiples posibilidades
de la creación visual. Sin olvidar jamás que las artes
plásticas son también una línea de creación
del pensamiento, y sin darle una especial importancia a aquello
de que una imagen vale lo que valen mil palabras. Algunas imágenes
no valen nada y hay palabras que pueden matar. La imagen y la palabra,
juntas, nos pueden ayudar a vivir, a pensar y a gozar. Esa es la
imagen que nos gustaría ver cuando nos asomemos al espejo
de Exit. Nosotros también queremos ser su espejo.
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